Columnistas

Luces y sombras del Dakar

Es oportuno señalar también algunas sombras que pueden dejar daños y huellas irreparables

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:05 / 19 de enero de 2014

Toda Bolivia ha vibrado con el exitoso paso de las categorías más livianas del mundialmente célebre Rally Dakar por territorio boliviano, el 12 y 13 de enero, contorneando el salar de Uyuni. Era el segundo espectáculo internacional de masas a pocas semanas del igualmente positivo lanzamiento del satélite Túpac Katari.

Son muchas las luces de este evento en términos del masivo y permanente impacto de y en los medios de comunicación; de la respuesta positiva y masiva de la población ante este nuevo símbolo aglutinador de nuestra identidad nacional, algo que impresionó también a los propios organizadores de la competencia; de la consolidación de nuestro inspirador y alucinante salar de Uyuni como una de las mayores maravillas de la naturaleza, que reconocen y mencionan incluso los astronautas en sus periplos en torno al planeta; de fomento de otro de nuestros muchos atractivos turísticos, que Carlos Mesa ya promocionó de manera primicial y al que Evo Morales ha dotado de un nuevo aeropuerto internacional y una hermosa carretera asfaltada hasta la ciudad de Potosí; de otro estilo de deporte, personificado ahora en nuevos ídolos como el Chavo Salvatierra y Wálter Nosiglia... y —¿por qué no?— otro punto más en la promoción de una imagen positiva de Evo en ese año electoral.

No insistiré más en esos y otros aspectos positivos, ya muy repetidos por los medios de comunicación durante esos días. Pero es oportuno señalar también algunas sombras y bemoles, que pueden dejar daños y huellas irreparables. Esta vez, por suerte, San Pedro y los achachilas ya se encargaron de proteger la belleza y fragilidad inmaculada del salar, cubriéndolo de una capa de agua que lo preservó de la destrucción de su piso único brillante, con sus inmensas baldosas pentagonales y su gran riqueza mineral: la mayor reserva mundial de litio, aparte del bórax y otros elementos. Le ahorraron también de toneladas y toneladas de basura y otros contaminantes. Colaboraron a ello también los propios organizadores del rally al abrir la ruta solo a los vehículos más livianos y caracterizar ese tramo como “especial”, es decir, sin acceso a camiones ni otros vehículos de servicios y apoyos. Ojalá eso se siga tomando en cuenta en los próximos años.

La página oficial del Dakar (como hacen tantas minas contaminantes) enfatiza los esfuerzos de los organizadores para prever el daño ecológico ambiental y contra patrimonios naturales y culturales. Por ejemplo, para compensar por las más de 15.000 toneladas de emisión de CO2, tienen ya un acuerdo con el proyecto Madre de Dios en la Amazonía peruana, en el que invierten cerca de $us 500.000 en la conservación de un bosque de 120.000 hectáreas. Es el estilo REDD, que el Gobierno  rechaza y que el propio Álvaro García Linera condena como la careta conservacionista del capitalismo: pagar a unos para que los otros puedan contaminar más.

Está además el no contabilizado daño a pueblos indígenas, a tesoros arqueológicos o contra especies y biodiversidad en alto riesgo. El Colegio de Arqueólogos de Chile denunció daños en más de 200 sitios arqueológicos en las seis versiones anteriores del Dakar y el año que pasó por la costa peruana hubo también muchas denuncias. Aparte de las bien conocidas y únicas líneas y dibujos de Nazca, en esas rutas hay otros muchos tesoros patrimoniales invaluables e irreemplazables. Una sunch’u luminaria como el Dakar, por espectacular y lucrativa que sea, no debe atentar contra todo ello.

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