Columnistas

Nelson Larrea Murillo

La Razón (Edición Impresa) / Luis Oporto Ordóñez

00:07 / 08 de marzo de 2018

Nelson Larrea Murillo nació en La Paz el 30 de agosto de 1946; y falleció en la misma ciudad, el pasado 6 de marzo de 2018. Impulsor de proyectos culturales y defensor de las tradiciones de La Paz, Larrea apoyó a varias instituciones cívicas y culturales como Amigos de la Ciudad, Centro Cívico “Illimani”, Centro Cívico y Cultural de los Paceños, Club Ben Hur.

Notable autodidacta, empezó como bibliotecario, llegando a ser coordinador, administrador y director del Banco del Libro (1971-1999). Luego fue director de la Unidad Nacional de Bibliotecas y Repositorio (2005) en el Ministerio de Educación, hasta su jubilación, en 2011. Visitó la Biblioteca del Congreso de EEUU, la Biblioteca Nacional y el Sistema de Bibliotecas Público-Escolares de Costa Rica. Con el fin de fortalecer su labor, participó en varios eventos como las reuniones de Directores de Bibliotecas Nacionales en Colonia (Alemania); en la de Sistemas de Bibliotecas Público-Escolares, en Lima; y en la de Bibliotecas Latinoamericanas en Mar del Plata (Argentina).

El Banco del Libro, fundado el 14 de abril de 1970 por el ministro Mariano Baptista Gumucio, era considerado una institución cooperadora del Programa Nacional de Alfabetización, y sus principales funciones eran las de producir, reunir y facilitar material de alfabetización y de educación de adultos; así como fomentar el establecimiento y conducción de bibliotecas populares, escolares y extraescolares, de todos los niveles educativos, a nivel nacional, cumpliendo las resoluciones del Primer Congreso Pedagógico Nacional, que instaba a la creación de bibliotecas.

Larrea impulsó la creación de 215 bibliotecas en comunidades de los nueve departamentos de la República. Para ello incrementó las colecciones de libros y superó la crónica carencia de presupuesto, ganándose de manera admirable el apoyo de los ministros de Educación y directores del Instituto Boliviano de Cultura. Tarea muy compleja en una época de inestabilidad política, sobre todo durante los 70, década en la que supo superar con sorprendente habilidad obstáculos insalvables.

Para tal efecto, diseñó una estrategia exitosa con las embajadas que obsequiaban cientos de libros, bellamente impresos y encuadernados con tapas atractivas, verdaderas obras de arte, incluso en idiomas extranjeros, con las que organizó la Semana del Libro de cada país. Luego de la exposición, los magníficos volúmenes, profusamente ilustrados y encuadernados en pasta dura, eran distribuidos entre las 215 filiales del Banco del Libro a nivel nacional. Es cierto que parte de esa curiosa bibliografía jamás fue usada, pero otra era muy apreciada por lectores de todas las edades que nunca antes conocieron una biblioteca. Paz en su tumba.

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