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Macondo

Las tensiones internas se agudizaron ante el vacío de poder dejado por Percy en la conducción municipal

La Razón / Reymi Ferreira

00:21 / 13 de abril de 2012

El surrealista pueblo de Macondo al parecer ha sido superado en ficción y cosas inauditas por Santa Cruz de la Sierra. Un alcalde que cada vez que puede le saca la lengua a la prensa y los llama “pandilleros”, una presidente del Concejo Municipal suspendida por    supuestamente haber falsificado su título de bachiller, y a quien le tocan las nalgas frente a la televisión; concejales que a su vez son imputados y detenidos por suspender a la presidente del Concejo; funcionarios que renuncian en medio de denuncias son sólo parte del drama municipal que vive la ciudad.

El otrora antimasista Percy Fernández ahora al parecer es aliado del MAS, cuyos concejales extrañamente no apoyaron con el voto la destitución de la presidente del Concejo Municipal, Desirée Bravo; y esta última, destituida, que inicia acciones contra sus colegas. En medio de tanto relajo salen a relucir denuncias de loteamientos, contratos truculentos, ejercicio ilegal de la profesión, nepotismo y congelamiento de cuentas.

Uno se pregunta qué es lo que está ocurriendo en el fondo. Existen varias explicaciones al entuerto. Por una parte, la disputa por espacios de poder de los diferentes componentes de la alianza municipal que llevó al gobierno municipal a Percy Fernández, una alianza que fue tan amplia que ingresaron las logias, los grupos disidentes del MNR, la agrupación del MUPS, la agrupación Convergencia Nacional, e incluso alguno que otro representante de las tendencias afines a la Gobernación.

Las tensiones internas se agudizaron ante el vacío de poder dejado por la cada vez mayor ausencia de Percy en la conducción municipal, ejercida en los hechos por segundones, quienes comenzaron a pelear internamente, y a su vez a chocar contra los concejales. Ese es el trasfondo de la crisis municipal, a la que  se han incorporado como ingredientes la acción opositora y conciliadora a la vez del MAS, los líos judiciales y, por si fuera poco, la pérdida de la cordura del Alcalde, que no sólo han desgastado su imagen sino que lo están aislando de la sociedad.

Siempre me agradó el informalismo de Percy, su mordaz crítica a la prensa superficial, su apego al lenguaje coloquial y al comportamiento campechano, tan propio de los viejos cruceños, pero como todo en la vida, existe un límite, límite que si se sobrepasa convierte lo gracioso en truculento.

Lo preocupante es que la falta de dirección municipal ha llevado a que asesores o ejecutivos sean los verdaderos conductores de la Alcaldía; y ellos, hábiles para actuar entre las bambalinas, pero incapaces de dar la cara, han demostrado no tener la capacidad para sustituir a Percy, embarcados, como lo están, en su angurria de poder. Ante esta situación, lo ideal no es que se vaya Percy, sino al contrario, que vuelva.

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