Columnistas

Macri, hijo de Menem

La única manera de implementar la economía liberal es hambreando a la fuerza de trabajo

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

03:12 / 08 de enero de 2016

Cuando Carlos Menem subió al poder, sus colaboradores se dieron cuenta de que no tenía un plan económico. ¿Qué hicieron? Convocaron a la empresa más grande de Argentina, Bunge Born (la mayor exportadora de granos del país), para que les diseñara una propuesta. El conglomerado de industrias estaba dirigido por Jorge Born III, el llamado “Hombre de los 60 millones de dólares”, que fue lo que su padre pagó al grupo guerrillero Montoneros por su liberación y la de su hermano Juan.

Esa plata fue parte del fin del grupo subversivo, pues causó grandes problemas internos por el destino de semejante botín y acentuó la represión, ya que los milicos querían apropiarse de ese dinero. Pero bueno, Born III elaboró un plan que contemplaba la eliminación del impuesto a las exportaciones de cereales, la liberación del dólar y el reajuste de los precios a los sectores más deprimidos. En resumen, Hood Robin, es decir el nombre del célebre justiciero inglés pero al revés, propuso quitarle a los pobres para darle a los ricos.

¿Y Mauricio Macri? Aplica la misma receta neoliberal y se va de vacaciones. Como coro trágico de fondo: la derecha boliviana (esa que se regodea pensando en que los bolivianos le dirán No al país) cree que es eso lo que debería aplicarse en Bolivia.

El experimento de Menem terminó en tragedia. Carlitos se llenó la boca de espejismos como “Argentina, país del primer mundo”, y terminó con graves problemas económicos.

Y es que simplemente la derecha no tiene otra opción que ofrecerle al mundo que una mayor concentración de la riqueza, y por tanto, una mayor cantidad de hambrientos. Lo demostró el economista francés Paul Piketty: el capitalismo lleva a una alarmante concentración de los ingresos en pocas manos. Para evitar esta realidad, a todas luces inmoral, el autor de El capital del siglo XXI sugiere mayores impuestos, llegando incluso a plantear un 80% a los más ricos.

Macri va a contramano, ofrece mayores ganancias a los más poderosos, confiando en que ellos inviertan su dinero en la economía argentina. Mientras eso pasa, recibe el dinero chino para que la inflación no se dispare al igual que lo hicieron los precios, que crecieron en un 40%.

El actual Presidente argentino ganó con muy poco margen, apenas el 52% de los sufragios. El 48% restante saldrá a las calles, tarde o temprano, “en defensa propia”, porque la única manera de implementar la economía liberal es hambreando a la fuerza de trabajo.

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