Columnistas

¿Mal holandés?

Hasta hoy lo que se conoce de la Ley de Minería deja muy poco a la imaginación

La Razón (Edición Impresa) / Dionisio J. Garzón M.

02:53 / 21 de marzo de 2014

Recordando la experiencia holandesa de los años 70, cuando este país descubrió los yacimientos de gas de Groningen, disparando el sector exportador a niveles históricos, uno se tienta a hacer comparaciones con lo que está pasando actualmente en el país y lo que posteriormente mostró la experiencia holandesa, cuando el boom gasífero pasó habiendo contribuido muy poco al desarrollo industrial. Hubo una aparente relación causal negativa entre extractivismo y desarrollo, relación que algunos investigadores bautizaron como “mal holandés”.

No se puede dejar de comparar esa experiencia. Hemos vivido un boom de exportaciones tradicionales, sobre todo gas y minerales producto de un megaciclo de altos precios de las materias primas en el mercado internacional que tuvo su cúspide en 2011; hemos apreciado nuestra moneda, elevado las cifras de remuneración a niveles importantes y se ha distribuido el excedente económico vía bonos a los sectores tradicionalmente menos favorecidos. Hasta ahí todo lindo y dentro del libreto de esta clase de manejo económico.

Producto de la panacea exportadora tradicional hay poca o nula diversificación de nuestra producción no tradicional y los costos en los sectores manufacturero, agrícola  e industrial son muy elevados; la competitividad de su producción ha caído como consecuencia y florece la importación (legal y también ilegal) de bienes de la más variada laya, en respuesta a la creciente demanda  del mercado interno.

El libreto debiera seguir con la declinación de precios que ya estamos experimentando en el volátil mercado de minerales y metales; se tratará de mitigar sus efectos con medidas proteccionistas para mantener el nivel de ingresos, la receta tradicional de aumentar el nivel tributario ya se aplica en el sector hidrocarburos y se trata de implementarla en el sector minero. ¿Desembocará todo esto en el decaimiento de la inversión (ya lo estamos viviendo en el sector minero), y en la debacle de nuestra estructura de exportaciones cuando se produzca el fin del auge de precios?

No soy militante de atribuir todos los males a la relación causal descrita, lo realmente importante tiene que ver con el destino que se da, en cada caso, a las rentas producidas por la extracción de recursos naturales; si éstas se destinan a élites dominantes relacionadas al gobierno de turno, como es el caso de la mayoría de los países de la región a lo largo de su historia, la actividad se transforma en un enclave que depende aún en los mínimos detalles de los mercados externos y que tiene por meta el aumentar la disparidad entre las élites y el entorno. Si por el contrario las rentas se reinvierten en el crecimiento de la actividad y en su diversificación industrial, la torta de renta será cada vez mayor y la relación causal será positiva, como ha ocurrido en países como Inglaterra, Australia o la ex Unión Soviética.

A días de conocer (ojalá) el texto final de la nueva Ley de Minería, solo nos queda cruzar los dedos y esperar que contenga los lineamientos de una verdadera política de desarrollo y aprovechamiento de recursos minerales. Una delgada línea imaginaria separa la esperanza de un futuro mejor, de la tendencia casi cotidiana de repetir la historia en aras de cuidar la coyuntura. Hasta hoy, lo que se conoce de la ley deja muy poco a la imaginación, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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