Columnistas

Mal uso de las instalaciones estatales

La Razón / Julieta Paredes

00:00 / 27 de enero de 2013

Todos los días se pone en marcha la maquinaria disciplinadora y violenta contra las mujeres. El patriarcado, para subsistir, necesita subordinar a las mujeres, por eso quienes no se someten a sus pretensiones, o quienes son objeto del deseo y no aceptan voluntariamente van a ser marginadas, golpeadas, muertas y asesinadas.

Todos los días se golpea a las mujeres, todos los días mujeres y niñas son violadas. Esta tortura cotidiana, sistemáticamente planificada e históricamente sostenida, es la doble moral de las sociedades, que reservan días en honor a las madres y cantos de amor hacia las mujeres; y, sin embargo, hay la complicidad del silencio y el mirar para otro lado cuando la violencia pasa en sus propias casas o vecindarios. Hay momentos de esta violencia sistémica contra las mujeres en los cuales la propia sociedad necesita visibilizarlos. Recuerdo el caso de la niña Patricia Flores, que fue visibilizado por su hermana y su mamá; no obstante, hasta la fecha no se dio con el o los delincuentes.

En las universidades, cada vez que se organizan borracheras, los estudiantes violan a sus compañeras, incluso a veces en complicidad con los catedráticos. Pero eso se calla. En las fiestas de jóvenes de la zona Sur también se practican estas mañas violadoras. Pero claro, no se las denuncian. Las reverendas palizas, humillaciones y violaciones de las mujeres de clase media y clase alta son mantenidas en top secret, tienen que guardar la imagen. Pero cuando se trata de cholitas, pues no hay problema en exponer las imágenes, pues —total— los cholos, los indios y sus indias y cholas son eso nomás, porque farrean hasta las patas y luego se violan. Como si los empresarios no se farrearan hasta las patas, pero consiguen que se les pase la borrachera aspirando cocaína; lo que no evita que sean violadores incluso de adolescentes que están en situación de prostitución, a quienes abusan con permiso de las leyes patriarcales.

El cinismo social hace que hoy se use este hecho, en el cual son cómplices miembros de la derecha y la izquierda. Porque cuando los primeros, que hoy son oposición, estaban en el gobierno, no hicieron nada para luchar contra la violencia de género, ni contra los golpes a las mujeres en las marchas que denunciaban al neoliberalismo. Al contrario, ordenaban represión. Tampoco hicieron nada contra los torturadores y violadores de compañeras que estaban en las cárceles dictatoriales. Entonces, no se vengan hoy a hacer los moralinos/as, denunciando sólo a un partido, pues son lo mismo, sólo que con terno y corbata.

Tampoco puedo callarme ante la acusación formal que se hace a los maleantes que violaron a la compañera. La acusación es por “Mal uso de las instalaciones y uso de influencias”.

¡Qué les pasa! Acaso las leyes son cárceles del lenguaje para encubrir la Justicia, la denuncia y la verdad. Que poca creatividad de los abogados, jueces y demás mediocres que no son capaces de subvertir y cambiar las leyes. ¡Qué les pasa a los del MAS! ¿Por qué la cómplicidad? Las mujeres, que somos la mitad de cada pueblo, necesitamos claridad, contundencia en la acusación y condena. ¡Qué falta de creatividad y compromiso con el pueblo!

Es feminista comunitaria.

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