Columnistas

Mapeo de la comunicación

Para cierta prensa no importa tanto la información, sino la modelación de las conductas (Noam Chomsky).

La Razón (Edición Impresa) / Adalid Contreras Baspineiro

00:03 / 26 de octubre de 2017

El título del presente artículo es como una de las coordenadas del mapa que en la tarea mediática contemporánea enfatiza más en los titulares que en las noticias, para hacer creer que uno está así informado. Este fenómeno, de saturación, que le hace afirmar a Chomsky que para cierta prensa no importa tanto la información, sino la modelación de las conductas, no es nuevo, pero ciertamente se ha perfeccionado con las nuevas tecnologías que generan una vorágine informativa en tiempo real, sin contexto ni argumentaciones, y sin fronteras. La clásica edición pausada y comprobada de la noticia que genera su noticiabilidad con responsabilidad social ha dejado de ser una práctica sacramentada. Se podría decir que existe una tensión entre el periodismo aferrado a los códigos deontológicos y aquel que corre a la pesca no de la noticia, sino de la primicia y con la intención de espectacularizar más que de informar.

Por una parte, el mapa se diseña con las propuestas de comunicación que muestran el capitalismo como la panacea de todos los tiempos, desarrollando para ello sofisticados sistemas neodifusionistas de mercadeo y amenas programaciones de levedad de la vida. El mundo que se está construyendo desde esta coordenada se basa en representaciones de la discriminación, la inseguridad, el poder y la violencia, haciéndolos parte de la cotidianidad, para que no provoquen iras, sino miradas insensibles, indiferentes y desconfiadas, con miedo al vecino, a la calle, a la sociedad, al migrante, al futuro, a la vida.

Esto va de la mano de la espectacularización teatralizada del placer por el consumo apelando al individuo fragmentado, aislado, desvertebrado de sus referentes sociales para hacerlo presa fácil de los posicionamientos competitivos que ponen a los emprendedores en carreras insolidarias por el beneficio personalizado.

Por otra parte, en otra coordenada, resulta saludable constatar que existen voces que desde dentro de un periodismo responsable y desde las esquinas de la ciudadanía claman por la ética, la integración, la concordia y la unidad; contribuyendo a generar un sentido de criticidad y pluralismo, con el horizonte y trascendencia del derecho a la palabra sin discriminaciones. Son voces múltiples que no se someten a los intentos de una voz única y que confrontan los dispositivos del estilo cultor de las opacidades y de las posverdades que se hacen en bases mediáticas transnacionales, así como en sistemas de autocomunicación donde las redes sociales se han convertido en espacios autistas de autocomplacencia emotiva que sacraliza la levedad de la vida.

Es un mapa inconcluso que debe seguir diseñándose promoviendo el debate, la confrontación constructiva de ideas y la recuperación de la memoria de un habla ciudadana que acumula conquistas, las amalgama y las modela para afrontar el presente y construir el futuro. En estos trazos es necesario interrogarse sobre el modelo estatal en el continente, que paradójicamente aspira a convertirse en factor de opinión optando por un predominante estilo publicitario y transmisivo. También debemos interrogarnos sobre las razones que llevan a la precarización y la marginalización de los espacios ciudadanos y sus particulares identidades comunitaristas y participativas.

En todo tiempo, hacer comunicación es un acto relacional donde se ponen en común sentidos de la vida para dignificarla; comunicar es promover diálogo, indagar sobre las causas que originan las manifestaciones de la realidad, es describir y explicar críticamente los hechos; comunicación es visibilizar las voces de los pueblos dándoles protagonismo, y seguir inventando alternativas históricas democratizando la palabra.

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