Columnistas

El ‘Mar’ de Los Andes

La obra sorprende con una lectura compleja de un tema que muchos creímos imposible de ser recreado.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

00:39 / 14 de septiembre de 2015

Este 24 de septiembre, a las nueve de la mañana, está programado el anuncio del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, sobre su competencia respecto a la demanda marítima boliviana. Como parte de una inteligente campaña para discutir el tema en el ámbito nacional e internacional, en días pasados se estrenó la obra Mar del Teatro de los Andes. Luego de una primera presentación casi íntima en Yotala, la pieza fue llevada a escena en el Festival Santiago a Mil, en Chile, donde tuvo excelentes críticas y luego fue compartido por un numeroso público en La Paz y Santa Cruz. Posteriormente, el elenco realizará una gira entre octubre y noviembre en ocho ciudades de España, además de presentaciones en Bonn (Alemania) y París (Francia).

La obra nos sorprendió con una lectura compleja y abierta a un tema que muchos creímos ya imposible de ser recreado. La referencia a la Guerra del Pacífico y las actuales reivindicaciones marítimas solo es un pretexto para llevarnos a una profunda reflexión sobre nuestra identidad nacional, construida frente a un mar de ausencia que hace poca referencia concreta a ese puerto “arrebatado por los chilenos”.

Mar cuenta la historia de tres hermanos (Juana, Miguel y Segundo) que deciden emprender un viaje para cumplir el último deseo de su madre moribunda: ser abandonada en las olas de un mar desconocido para ella. Los hermanos parten cargando a la madre atada a la puerta de la casa y hace de la obra un viaje eterno a través del desmontaje de nuestra fijación traumática y la “politización” del ausente/presente mar.

Llevando a cuestas una arcaica puerta, que puede ser la patria misma, se despliegan dramas familiares y odios humanos que, acompañados por los fantasmas del pasado, proponen al público una exploración compleja de sus propias cicatrices provocadas por el mar.

Removiendo con saña en nuestras fijaciones chauvinistas e ironizando con los cimientos de esa ausencia/presencia marítima, el Teatro de los Andes nos pone frente a la paradoja de reclamar un mar que “es de todos”; reclamar un infinito que no nos reclama. La obra fue creada por Lucas Achirico, Gonzalo Callejas, Alice Guimaraes y el director argentino Aristides Vargas. Se siente esa creación colectiva que entre escena y escena sorprende y que logra recrear en su narrativa el ritmo de las olas del mar fluyendo y refluyendo cinco, diez, quince puntos de vista distintos para un mismo tema recurrente: el anhelo de algo que ni siquiera conocemos.

Sin duda el tercer personaje en importancia es la cuidada escenografía de Gonzalo Callejas que no deja de sorprender. Con el despliegue de texturas y color vemos todo el tiempo el “ausente” mar, penetrando en escena con su denso oleaje hasta casi ahogarnos. La última escena, tal vez la más onírica de todas, no deja duda alguna que estamos frente al mejor elenco de teatro de Bolivia y tal vez uno de los mejores de Latinoamérica.

Mar nos invita a enfrentarnos al trabajo del duelo de lo perdido. Nos sacude con la relación fundante de una ausencia hiperpresente de “ese mar cautivo”. Nos obliga a preguntarnos “Si hipotéticamente recuperáramos el mar, ¿los muertos que murieron por el mar se recuperarán?”. En síntesis, que realmente hemos pedido con el mar.

En esta minuciosa disección del trauma colectivo, el Teatro de los Andes nuevamente se reinventa para presentarnos frente al espejo nuestra alma nacional. Con humor, sin maquillaje ni artilugios, volvemos a reflejar nuestras eternas fijaciones.

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