Columnistas

Mar para Bolivia... y diplomacia de los pueblos

La Razón (Edición Impresa) / De frente en el Pachakuti - Esteban Ticona Alejo

00:30 / 15 de marzo de 2014

Mar para Bolivia…! ¡Mar para Bolivia…! Es el estribillo que escuchamos en 2006 en Santiago de Chile en un recinto abarrotado por los movimientos sociales solidarios con Bolivia, cuando el presidente Evo Morales estuvo de visita, y lo mismo oímos el pasado miércoles en ocasión de la asunción presidencial de Michelle Bachelet. En Chile, las organizaciones sociales son los sindicatos, los movimientos indígenas, activistas sociales, partidos de izquierda, intelectuales críticos y artistas, entre otros. En  2006 se inició el tejido de las nuevas relaciones de confianza mutua entre los pueblos de Bolivia y Chile, mediante actividades políticas, culturales y académicas, luego insertas dentro de la agenda bilateral de los 13 puntos.

Desde nuestro país, se denominó a las relaciones con las organizaciones sociales del mundo “diplomacia de los pueblos”, y luego “diplomacia de los pueblos por la vida”, conceptos nuevos y acuñados en Bolivia para el mundillo conservador de las relaciones internacionales. La diplomacia de los pueblos es entendida como otra manera de relacionarse entre los pueblos de diferentes países, dejando de lado muchas formalidades, obstáculos y protocolos, para conocerse mejor y discutir temas y problemas del mundo, y así poder aportar a las soluciones con planteamientos provenientes de los pueblos en beneficio de la Humanidad.

¿Por qué no se continuó con la senda abierta por el presidente Morales y el canciller Choquehuanca de la diplomacia de los pueblos? ¿Por qué no se hizo de ésta una política del Estado Plurinacional? Al ver las imágenes transmitidas por el canal estatal recordé algo similar que ocurrió en 2006. Una de las acciones concretas fue la realización del primer encuentro de academias diplomáticas de Bolivia y Chile, realizada primero en Santiago y luego en La Paz, donde por primera vez nuestros estudiantes de la diplomacia se miraron cara a cara y se abrazaron para conocerse mejor, como punto de partida para iniciar nuevas maneras de relacionamiento, buscando superar viejas susceptibilidades y atavismos generados entre nuestros países. Pero no solo eso, desde la Cancillería boliviana se inició con la formación de artistas para el desempeño de la diplomacia cultural fuera del país. Se efectuaron varias promociones, que lamentablemente quedaron truncas, pues en el Ministerio de Relaciones Exteriores dejaron de creer en esas políticas de descolonización de la diplomacia. La falta de políticas estatales de continuidad con las políticas de la diplomacia de los pueblos han impedido la sistematización y el desarrollo de esta nueva diplomacia en los círculos intelectuales y académicos, particularmente en las relaciones internacionales. Es una pena que la diplomacia de los pueblos esté languideciendo poco a poco no solo en la práctica y en la teoría, sino también en la misma retórica de la Cancillería. Después de la primera presidencia de Bachelet, sabíamos que al expresidente ricachón (Piñera) no le interesaba relacionarse con nosotros; pero, ¿por qué se abandonó el relacionamiento con los movimientos sociales? Esta actividad hubiese permitido ganar mayor espacio en la comprensión y solidaridad con nuestra reivindicación marítima. El tiempo perdido no se recuperará jamás, aunque ahora se reabre una nueva etapa para seguir tejiendo las relaciones de confianza entre las organizaciones sociales. Es importante que algunos ministerios, como el de Exteriores y el de Educación, e incluso las universidades estatales, puedan acompañar a la labor del presidente Morales y del Canciller, para seguir abriendo más puentes en la diplomacia de los pueblos. Jach’a larama qutasaruxa kutt’añasawa.

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