Columnistas

Marcha indígena, entre prohibiciones e insultos

La IX marcha no está exenta de recibir insultos, prácticas de violencia típicas del colonialismo interno

La Razón / Esteban Ticona Alejo

02:04 / 23 de junio de 2012

El insulto, en todas las sociedades, constituye un rito de violencia. En la mayoría de las marchas indígenas, estas formas de violencia verbal, que son parte de la práctica cotidiana del colonialismo interno, han estado presentes. De allí que la IX marcha en defensa del TIPNIS, a punto de arribar a la ciudad de La Paz, no está exenta de estas arbitrariedades. Nos llama la atención algunos aspectos ocurridos al respecto.

Días previos al inicio de la IX marcha indígena, se instalaron bloqueos de carreteras en los puntos de entrada y salida de San Ignacio de Moxos, cortando la ruta interdepartamental Trinidad —San Ignacio de Moxos— La Paz, impidiendo que los indígenas de esa zona se sumen a la marcha. El 22  de abril por la mañana, un grupo enardecido, compuesto por gente de choque del Comité Cívico de San Ignacio de Moxos y de la Central Obrera Regional (COR), ingresaron violentamente en las instalaciones de la radio comunitaria indígena Arairu Sache, donde agredieron al director del medio y al conductor del programa que difundía el voto resolutivo de la Cidob convocando a la IX marcha. Esa misma mañana aparecieron pintados los muros de varias casas de San Ignacio de Moxos con frases amenazadoras, ofensivas y racistas referidas a los dirigentes indígenas de esta movilización en defensa del TIPNIS.

Por otra parte, el cerco de alambre de púas colocado en la vía de ingreso a San Ignacio de Moxos contra la marcha simboliza, claramente, el atropello de la frontera social-urbana. Acción que pretendía, al peor estilo racista, que San Ignacio de Moxos (la “Capital Folklórica del Beni y Espiritual del Cono Sur de Sudamérica”, títulos forjados sobre la base de los pueblos ancestrales moxeñas) pretenda convertirse en un espacio exclusivo de la población karayana o “blanca”, negando el derecho de los pueblos indígenas. Ese cerco nos muestra otra forma de discriminación y racismo. Sabemos que en todo esto está presente la visión patronal (que también alcanza a algunos funcionarios del gobierno); pues, impedir el tránsito con alambres de púas, ¿no es acaso pensar aún que los indios siguen siendo animales o ganados vacunos?

Con el transcurrir de los días, no han cesado estas injusticias contra la marcha, como por ejemplo las afirmaciones del jefe de bancada del MAS, Roberto Rojas, quien señaló: “son dirigentes oportunistas, delincuentes que están a la cabeza de la marcha, que para nosotros no es legítima”. David Sánchez,  otro senador, llegó a calificar la movilización como la “marcha de los traficantes”, porque “los dirigentes fundamentalmente están respaldados en el tráfico de drogas, en el tráfico de madera, en el tráfico de lagartos y tráfico de turismo”. Si fuera así, ¿por qué no se los detienen a esos dirigentes mal habidos y se los procesa judicialmente?

Finalmente, la confederación de colonizadores, que amenazaron con “reventar” a los indígenas de la VIII marcha indígena, tampoco han perdido la costumbre de seguir intimidando, declarando que “no les van a dejar pasar por sus pueblos”. Estos colonizadores internos aún se sienten los únicos dueños de las tierras que habitan, cuando sabemos que son los grandes “expulsores de los indígenas amazónicos de sus territorios ancestrales”, además de ser los grandes devastadores de la Amazonía boliviana. Que lamentable la pérdida de dos vidas humanas en esta marcha, ¿es muy difícil decir que son la cimiente del triunfo, con más muertes? No…

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