Columnistas

‘Mare liberum’

Hugo Grocio defendió la libertad de los mares como piedra angular del desarrollo del comercio.

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

00:00 / 12 de mayo de 2014

Los griegos antiguos atribuyeron el dominio de los mares a los dioses, entre los que destaca Poseidón. Cabe señalar que la mitología griega señala que Poseidón fue primero rey de los caballos, y luego, con su poder llegó a dominar el mar. Los romanos acuñaron la idea de un Mare nostrum, es decir, un mar de todos los romanos. Se referían al mar Mediterráneo; sin embargo, el mar para los romanos de la antigüedad era un bien común, una cosa común sobre la cual nadie podía ejercer algún tipo de derecho de propiedad.

Durante la Edad Media, Pisa, Venecia y Florencia buscaron establecer monopolios náuticos. Se registra la fiesta del “Bucentauro” en Venecia, en la cual se arrojaba al agua un anillo de oro como símbolo de matrimonio con el mar. También los reyes ingleses reclamaron titularidad del mar del norte, llamándolo British seas.

Un antecedente importante se sucede en el siglo XV, cuando Portugal se atribuyó la propiedad del océano Atlántico meridional, en busca de monopolizar la ruta a las Indias. España llegó aún más lejos, en el Tratado de Tordesillas se atribuyó a sí misma y a Portugal la totalidad de las aguas oceánicas del planeta.

Franceses e ingleses lucharon contra el control hispánico del Atlántico. Años más tarde hicieron lo mismo los holandeses, con el estandarte del Mare liberum, elaborada por Hugo van Grot, más conocido por el nombre de Hugo Grocio, joven jurisconsulto de la universidad de Delft, Holanda. Grocio defendió la libertad de los mares como piedra angular del desarrollo del comercio, y de lo que Giovani Arrighi denominaría el primer ciclo del capitalismo como sistema mundo. Para Grocio, los mares no eran susceptibles de ocupación como las tierras, y por ello debían ser libres, es decir, para el goce y disfrute de todos. Empero, cuando los holandeses se apropiaron del océano Índico dejaron a un lado las teorías de Grocio y se lanzaron a las prácticas de los mares propios.

En el siglo XVIII  Cornelius van Binkershoek, otro holandés, en su obra Dominio Maris sostuvo que los Estados ribereños tienen el derecho a sus mares adyacentes, sugería que la distancia pueda ser medida a través de una bala de cañón, esta distancia era de tres millas náuticas. Ambos holandeses, Van Binkershoek y Grocio, fundaron las bases del Derecho del mar.

A comienzos del siglo XX la Sociedad de Naciones, y de manera específica la Conferencia de La Haya, reconoció una distancia de 12 millas náuticas, dando comienzo a una serie de tesis e ideas rectoras respecto al Derecho al mar, mismas que se plasmaron años más tarde en la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar de 30 de abril de 1982. Holanda ha sido gravitante, tanto por sus pensadores como por los espacios que genera, para hacer posible un Derecho al mar.

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