Columnistas

María Esther Ballivián es compañía

¿Conoció María Esther a Picasso? ¿Por qué pintó al malagueño una década después de sus años parisinos?.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo

06:23 / 25 de marzo de 2020

María Esther Ballivián ronda los 45 años y acaba de terminar Homenaje a Picasso, es un óleo. Corre 1973 y faltan solo cuatro años para que muera trágicamente en un accidente doméstico. María Esther lleva pocas semanas como docente de pintura en la Facultad de Arquitectura en la UMSA. Ha sido invitada por José de Mesa y Teresa Gisbert y comienza a dibujar desnudos femeninos. El tema de la sexualidad también dominó el último periodo artístico del autor del Guernica.

Ballivián, como firmaba sus cuadros sin el apellido del marido, es artista desde niña. Pinta, esculpe y también hace grabados. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer hermosa, que se movía con comodidad tanto en las élites de la alta sociedad como en los círculos bohemios de artistas.

María Esther, bautizada como Esther Antonia, ha vivido en París casi seis años en dos periodos distintos: de 1957 a 1960 y de 1963 a 1964. Ha estudiado en los talleres de Hayter y de Goetz, ambos amigos y compañeros de Picasso.

El londinense William Hayter fue el fundador del mítico estudio de grabado Atelier 17 y recaudó fondos, junto con Picasso y Miró, para la causa republicana y el bando comunista durante la Guerra Civil Española. El gringo-francés Henry Goetz colaboró con la resistencia gala y empapeló París con afiches antinazis. Goetz está casado con la artista holandesa Christine Boumeester, nacida en Java, traductora de Kandinsky. Varias líneas que confluyen en un punto.

¿Conoció María Esther a Picasso? ¿Por qué pintó al malagueño una década después de sus años parisinos? ¿Qué misterio, qué historia esconde ese óleo-homenaje? ¿Por qué una de las nietas de Ballivián se llama Paloma, como una de las hijas de Picasso?

Ballivián y Picasso terminaron sus días pintando desnudos. Los dos emprendieron un viaje por territorios de la abstracción, y como el aventurero que vuelve al cobijo del hogar, arribaron a la figura del cuerpo despojado y desnudo. Plantea el crítico de arte John Berger que “la pintura es la más inmediatamente sensual de todas las artes, cuerpo a cuerpo. Quien dice sensual dice también sexual, y es aquí donde la práctica de la pintura empieza a volverse más misteriosa”.

Quizás para superar el obstáculo inevitable del arte abstracto, la ausencia vaporosa de lo físico y de lo palpable, Pablo y María Esther invocaron la presencia de algo que está ausente. ¿Necesitaban consolarse? Los cuadros son compañía, y la compañía es corporal. Lo cierto es que los dos acabaron sus días pintando desnudos y para ambos sus retornos al cuerpo fueron sus despedidas del arte y de la vida, que para algunos destinados es lo mismo.

En los desnudos de María Esther Ballivián vemos mujeres solitarias y también unidas, cómplices y de espaldas, desafiantes y orgullosas, exhibiendo sin pudor los “orígenes del mundo”. Son desnudos francos y atrevidos (pintados en plena dictadura banzerista) que rozan, con sutileza sensual, un mundo íntimo, desconocido y misteriosamente femenino. ¿Qué secretos esconden esos pubis que nos siguen turbando?

La pincelada recuerda todo lo aprendido por Ballivián en sus viajes locales y cosmopolitas: Rimsa y La Paz, Boticelli y Florencia, Tiziano y Roma, Goya y Madrid, Rembrandt y París, Velázquez y Londres, Courbet y Orsay. Pero más allá, brindan al espectador un instante cargado de territorios erógenos ilimitados. Toda muerte se lleva los misterios que poblaban un cuerpo. Aquella mañana de sábado de julio de 1977, María Esther se llevó consigo sus secretos y los enigmas de los cuerpos que pintó.

¿Hasta cuándo la seguirán recordando? Es la pregunta que desde hace años se hace la única hija de María Esther Ballivián. Para conjurar ese temor de quedar a mitad de camino entre ninguna parte y el olvido, Marie France Perrin monta exposiciones, publica libros. El más reciente, cuya tapa nos regala otro desnudo, fue presentado en febrero en el Espacio Simón I. Patiño de Sopocachi. El arte sirve para atisbar la verdad en un misterio y la obra de María Esther Ballivián nos devela todos los secretos y eso no se olvida. Quédate tranquila, Marie France, tu madre hace rato que venció al tiempo.

Ricardo Bajo

Es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia