Columnistas

María Martha

Siempre le dije tía, por cariño y porque nos unió la lucha por un futuro mejor para este país

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

02:10 / 05 de febrero de 2016

Tiene nombre de bolerista y la voz más ronca que haya conocido. Y una humanidad muy grande. Se casó con un primo hermano de mi madre. Juntos tuvieron cuatro hijos y luego se divorciaron. Por esas cosas de la vida, si me encuentro en la calle con el pariente no lo reconocería, pues hace décadas que no lo veo, en cambio a ella siempre, siempre, le dije tía, por cariño y porque nos unió la lucha por un futuro mejor de este país, fruto de nuestros desvelos.

Fue ella la que posibilitó que llegara hasta mí la colección completa de los documentos publicados por el ejército guerrillero Túpac Katari cuando sus líderes habían caído presos. Lo hizo porque sabía que estaba escribiendo un libro sobre ese movimiento subversivo.

Siempre militando, eternamente acompañada de su cigarrillo y de Antonio Peredo, con quien después se casó e hizo historia. Compañera de lucha del Che, debatimos varias veces hasta que todos tuvimos que unirnos para derrotar a los neoliberales, hasta que todos tuvimos que aprender que había que construir el sueño colectivo olvidándonos de las pequeñas rencillas y apostando al futuro porque nos unía mucho más de lo que nos dividía.

Hoy me dicen que está malita, y mi corazón se hace un chuño porque la gente buena no debería enfermarse y menos morirse. Espero que el milagro se dé y se recupere, pero si esto no ocurre, le deseo que el viaje sea corto y que al final del camino se reencuentre con su compañero y con tantos otros amigos y hermanos que dieron su tiempo, su vida y su amor por la construcción de un país para todos.

Y mientras tanto, la cotidianidad nos lleva de nuevo, cada día, a la trinchera; y aunque nos gustaría tener más tiempo para leer, la realidad nos lleva a la lucha en un espacio donde hasta se quiere reglamentar el uso público de la plaza, donde hasta se quiere evitar que los niños jueguen y que los comerciantes vendan, que las ideas fluyan y que los artistas hagan arte.

Es el eterno retorno a la tentación fascista. Fieles al legado de nuestros mayores, a su ejemplo, a mi querida María Martha, les decimos con la misma determinación de siempre: ¡No pasarán! Los estaremos esperando en las trincheras de la Ciudad Universitaria, en las calles de El Alto, y en la plaza donde los plebeyos cochabambinos bailaban cueca festejando haber derrotado al neoliberalismo por primera vez, donde en cada zapateo se anunciaba que otra patria era posible. Seremos centenares de miles de luciérnagas que encendiéndonos al mismo tiempo iluminaremos la vida sobre la plaza de los gentiles, la plaza de todos. Va por ti, tía.

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