Columnistas

Mariano

La Razón / Jaime Iturri / La Paz

04:52 / 02 de diciembre de 2011

Era 1979, lo recuerdo muy bien. La primavera democrática volvía a florecer, el invierno se agazapaba para volver con la brutalidad de la helada comandada por dos Luchos. Y yo era parte de una efervescente generación que buscaba respuestas en las calles, en las interminables reuniones y, por supuesto, en los libros. Leía cuanto caía en mis manos. Comencé a enamorarme del pensamiento de Marx y del estilo tan refinado de Trotsky (el mejor escritor entre los clásicos), pero también de los bolivianos.

Trataba de entender a mi país para cambiarlo. Lora me sorprendió por su contundencia, Quiroga Santa Cruz y Almaraz por sus argumentos. Y, de pronto, llegó a mis manos un libro diferente que tenía un título único, vigoroso y que cubría todo mi horizonte: Atrevámonos a ser bolivianos. ¡Qué frase! Ahí conocí al verdadero Carlos Medinaceli. Su genio, su dolor. Sus agudas cartas, su despotricar contra la injusticia. Conocí a Gesta Bárbara, ese desesperado intento por comprender a Bolivia y crear desde ella. Me impactó cuando el autor de La Chaskañawi esgrimió que “escribir en Bolivia es matarse”; o cuando señalaba que, después de los dolores de parto que es dar a luz un hijo, la paliza de los amigos es tan firme que no te queda hueso sano. Una queja contra los criticones a los que les gusta tanto mirar la paja en ojo ajeno y que dicen que en Bolivia no hay buena literatura.Pero a partir de ahí también comencé a querer entrañablemente al hombre que había hecho posible recopilar del polvo y del olvido la obra de Medinaceli: Mariano Baptista. Fue compañero de colegio de mi padre y luego mi jefe en Última Hora.

De gran generosidad, Mariano, es de esas raras personas que iba hasta mi oficina o me llamaba a la suya para prestarme libros. Al final, nos hicimos amigos. Pero antes de ser director del medio en el que llegué a ser Editor General, ya me había leído los libros que escribió y las recopilaciones de escritos sobre literatos y artistas.

Lo he encontrado muchas veces con su cámara de televisión haciendo reportajes para su programa. Lo he seguido en sus escritos como a pocos escritores, he tenido el honor de presentar alguna de sus obras y este fin de semana recibí la alegría de que lo nombraron Premio Nacional de Periodismo, un galardón otorgado por la Asociación de Periodistas. Él hizo todos los méritos. Y su obra dice el resto, porque Mariano se atrevió a ser boliviano y a apostar por la cultura de los bolivianos.

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