Columnistas

Martes de ch’alla

La ch’alla del martes dejó el espacio privado y se acomodó, sin rubor alguno, en el espacio público

La Razón / Carlos Villagómez

03:26 / 21 de febrero de 2012

Hoy es martes de ch’alla, y como se acostumbra en esta ciudad andina, toda la familia debe salir a mediodía a cubrir el techo de la casa con múltiples y azucarados confites, tantos que hagan tronar las calaminas y así se enteren los vecinos que empezaste temprano y te adelantaste a todos con los actos del día más importante del Carnaval. Seguidamente, debes reventar un montón de cohetillos multicolores, porque así despertarás a tus almas queridas y les dirás que estás de celebración en la tierra cordillerana que te vio nacer.

Para continuar con el rito,  toda la familia debe emprender con las labores decorativas de la ch’alla. Con mixtura, serpentina y flores se adornará la propiedad por muy humilde que ésta sea. En forma paralela a las expresiones bullangueras y decorativas de esta celebración, deben rociar una o varias botellas de cerveza en casi todas las esquinas, deseando con toda unción y fervor lo mejor para ti, para tu familia y tus propiedades.

Si quieres (y puedes) emprendes con esta misma liturgia a tu automóvil, minibús, camión o volqueta, cambiando donde dice “esquinas” por “llantas”. Y si estás muy embalado, reiteras este rito en toda propiedad que sea representativa para tu vida en esta sociedad urbana: quiosco, esquina de venta, tiendita, supermercado, bufete, oficina, cuartel, burdel, aula, taller, lupanar, sede de partido político, club social y/o deportivo, ministerio, centro comercial, cárcel, canal de televisión y un casi infinito etcétera.

Hace decenas de años que veo ch’allar a la ciudad entera en este Martes de Carnaval, salvo algunas y extrañísimas excepciones. Puedo testificar que el rito de la ch’alla no ha menguado en el tiempo y, por el contrario, es cada vez más practicado y con un entusiasmo de posesos. Ahora la familia se reúne alrededor de este rito con comida y alcohol, exhibiendo una variante: la ch’alla del martes dejó el espacio privado y se acomodó, sin rubor alguno, en el espacio público.

En estos tiempos posmodernos, calles, avenidas y plazas son lugares para ejercitar esta creencia que supervive a pesar de todo y sin las ataduras ni los complejos de antaño. Ahora se practica la ch’alla sin las ñoñerías de antes, llegando incluso a un júbilo colectivo como en la zona pudiente y acaudalada de Gran Poder. Ahí se cierra el tráfico vehicular con bailes y barricadas de cajones de cerveza. Celebración plena de una cultura urbana que es, por antonomasia, rebelde.

Por todo ello, cada martes de ch’alla pienso: “a la pinche escala que tenemos, el Carnaval de Río, es un poroto a nuestro lado”.

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