Columnistas

Marx y la comunidad ancestral

El marxismo no es un recetario de postulados, sino ante todo una herramienta para entender la realidad

La Razón (Edición Impresa) / Mariela Padilla

02:40 / 22 de mayo de 2015

Si nos pidieran mencionar una de las obras más conocidas de Marx, sin lugar a dudas El capital se nos vendría inmediatamente a la mente. Publicado (el primer tomo) en 1867, su objetivo era, en palabras de su mismo autor, investigar “el modo de producción capitalista y sus correspondientes relaciones de producción y circulación”. Y como Inglaterra era el lugar en el que este sistema se había desplegado de manera “clásica”, esa nación se convertirá en el ejemplo principal del estudio teórico marxista.

Está claro. Marx estudió el capitalismo (el capital) en la sociedad capitalista más desarrollada de su época. Pero, ¿qué pensaba sobre las formas de organización precapitalistas, y más específicamente, acerca del sujeto campesino e indígena, de la producción comunal y, en general, de la comunidad? Quizá un estudioso marxista poco riguroso respondería inmediatamente: “No mucho” o “casi nada”. Y si nos quedáramos con esa respuesta, cómo podríamos explicar la existencia de los siguientes textos del pensador alemán: El Cuaderno Kovalevsky, Escritos sobre Rusia II, El porvenir de la comuna rural rusa, Los apuntes etnológicos y Formaciones económicas precapitalistas.

En uno de ellos, cuando Marx se refiere a la comuna rural rusa, afirma que, “conservando la propiedad común de la tierra y eliminando de ella el principio de propiedad privada”, ésta podría “convertirse en punto de partida directo del sistema económico al que tiende la sociedad moderna”. Luego añade que (hablando en teoría) la comuna rural rusa podía “cambiar de existencia sin empezar por suicidarse”, podía “apoderarse de los frutos con que la producción capitalista ha enriquecido a la humanidad sin pasar por el régimen capitalista”.

¿Acaso estaba viendo la posibilidad de ella como una especie de fuerza potenciadora de un modo de producción superior? ¿El comunismo? Probablemente ningún marxista boliviano entre los años 50 y 80 del siglo pasado se habría animado a afirmar semejante cosa.

Hace pocos días, la Vicepresidencia del Estado llevó a cabo la presentación de un compilado (que incorpora los textos que hemos mencionado) titulado Karl Marx. Escritos sobre la comunidad ancestral.

En el acto de presentación, el Vicepresidente sostuvo que en esta publicación Marx introduce las categorías de forma primaria y secundaria de comunidad, analiza diversas comunidades del ámbito mundial y deja de lado las miradas lineales y “etapistas” del desarrollo histórico de la humanidad, acercándose más a una “mirada multilineal” de ella.  Marx ve a “la comunidad no solo como herencia del pasado sino como persistencia, como el futuro”, afirmó.

Indudablemente vale la pena releer y reflexionar sobre este compendio para que también podamos enriquecer más nuestros propios debates, por ejemplo acerca del Vivir Bien, del socialismo comunitario como horizonte, etcétera. El marxismo de ninguna manera es un recetario de postulados acabados, sino ante todo —y esto no los recuerda muy bien Sartre— una herramienta para entender la realidad, una “práctica”, un “arma social y política”, un “movimiento social”.

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