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Mediaciones

Gran parte del territorio urbano de La Paz ha cambiado por la construcción de nuevos edificios de altura.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 03 de agosto de 2017

Desde hace años escribimos sobre las ciudades y confirmamos, cada vez más, que todas ellas se hallan conformadas por lugares singulares que inspiran a construir metáforas, como también otros que pueden llevar al debate por el daño que producen, por ejemplo, a la imagen urbana. Asimismo, las urbes encaran renovaciones que si bien buscan solucionar la necesidad de espacios habitacionales y públicos, no siempre son cuidadosamente estudiadas antes de ser ejecutadas.

Esta realidad obliga a plantear mediaciones, como es el caso del respeto y la valoración de la corporeidad histórica bien lograda del ayer, para luego proponer transformaciones urbanas que no destruyan el área a intervenir. De igual forma dichas mediaciones debieran estar apoyadas por la tecnología, mediante la instalación de cámaras, sensores y otros. Esto debido a que la ciudad actual requiere mucho control.

La Paz cuenta con una doble imagen de ciudad: una planificada y otra laberíntica. Ambas le dan una característica singular, pero la primera se ha convertido últimamente en el atractivo para seguir construyendo, por lo que la cantidad de edificaciones en altura es cada vez mayor. Tanto es así, que un buen porcentaje de su territorio urbano ha cambiado en los últimos años por la incorporación de nuevos edificios, algunos bien logrados y otros que lo agreden. Un ejemplo de esto último es el barrio de Sopocachi, que hoy muestra una imagen totalmente alterada debido a la infinidad de edificaciones de diferentes alturas que han dejado en el recuerdo aquel barrio residencial coherente, de imagen armoniosa y de carácter residencial.

En cuanto a la ciudad laberíntica, asentada principalmente en las laderas, ésta nos muestra (dentro lo positivo) una especie de textura que de ser explotada permitiría contar con interesantes composiciones volumétricas de cientos de colores. Allí el contraste entre elementos de diferentes formas, empotrados todos en los cerros, crearía imágenes en las que la sombra de cada uno denotaría un juego de planos en movimiento. Sin embargo, en lo negativo, es el sector más necesitado de mediaciones e intervenciones, ya que incluso con la construcción de puentes no logra integrarse urbanísticamente a la ciudad planificada.

El centro de La Paz comenzó a vivir desde los años 70 una mayor agresión a su corporeidad arquitectónica patrimonial, sin olvidar los cambios urbanos que le impusieron y los asentamientos desacertados o arbitrarios que lamentablemente dañaron toda su coherencia formal. Una muestra de ello es la plaza Alonso de Mendoza, que fue apropiada para el comercio, lo que resultó por demás devastador. En la actualidad, empero, satisface su recuperación como calle peatonal. Con todo, la plaza abierta y de interesantes territorios de libre tránsito de hace algunos años hoy está enrejada. Una gran diferencia entre la plaza histórica de cualquier ciudad y la existente, hoy en día de características rurales.

Otro caso es el del Museo Tambo Quirquincho, que después de cumplir una función de vivienda y tambo en la Colonia y ser expropiado para convertirse en un museo en 1977, hoy presenta más exposiciones pictóricas contemporáneas que muestras que reviven la memoria histórica de esta ciudad.

Como complemento, cabe recordar que la casa del cacique Quirquincho y el barrio de Churubamba son sitios por demás emblemáticos de La Paz. Y en ese sentido, pareciera necesario recuperar el hecho de que en el Museo Tambo Quirquincho media la presencia del pasado en el presente, y así lograr reivindicar cualquier hecho histórico.

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