Columnistas

‘Medio vacío, medio lleno’

Reconocer, entender y respetar a ‘el otro’, aunque no se comulgue con él, son máximas democráticas

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:27 / 22 de julio de 2014

La larga y vehemente respuesta a un comentario de mi autoría sobre la tragedia del avión comercial derribado en Ucrania —escrita por un amigo desde Moscú, apoyando con argumentos (desde su óptica, no la mía) las posiciones prorrusas en las antiguas repúblicas soviéticas separadas de Rusia y el esfuerzo ruso (panrruso, más correctamente) para reconstruir un nuevo espacio hegemónico— me hizo meditar sobre la paradoja del vaso “medio vacío, medio lleno”: la interpretación de la verdad.

Es la relatividad de visión de quien emite la “verdad” la que da la aproximación a un hecho que, fuera de esa visión, podría ser incuestionable: diferente percepción que posiciona “esa verdad”. Si para muchos los sucesos de Gaza son consecuencia del sionismo imperialista, para otros deviene por el terrorismo de Hamas, pero la realidad son los muertos: los de los ataques israelíes hoy, los del terrorismo y los de las guerras.

Volviendo a Rusia, el reposicionamiento geopolítico lógicamente es hoy muy atractivo para sus ciudadanos. La Federación de Rusia es la etapa actual de una gran nación eslava que, desde la Rus de Kiev (porque, paradójicamente, Rusia surge en lo que hoy es Ucrania) en el siglo IX, en épocas pasadas ha ocupado lugares principales mundiales y, en otros, se ha dividido o debilitado. Putin aparece después de la desaparición y desmembramiento de la URSS por sus crisis económicas y políticas, fenómeno histórico que impactó desfavorablemente en la confianza emocional del pueblo ruso.

El discurso de Vladímir Vladímirovich Putin para recuperar la importancia de Rusia y su espacio de influencia le dan (al margen de las críticas de sectores sociales) una popularidad (en torno al 75,7% actualmente), con mucho por su actuación en Ucrania y Crimea. Sin lugar a dudas, y aunque cara a una mayoría del pueblo ruso, es una visión parcial de “vaso medio lleno” que solo reconoce una dimensión, la propia, y no la del otro.

Entender esto es también muy importante para los políticos que en Bolivia ahora (y siempre en todas partes) van a competir por la presidencia del país: reconocer a “el otro”. En las últimas campañas ha sido usual que los políticos (de todos los bandos) demeriten todo lo del contrario y solo ameriten lo propio, hecho o por hacer. Visión falsa que, en percepción del elector, cada vez más se debilita: ni los discursos de muchos opositores de que todo lo que ha hecho el gobierno del MAS es malo (lo cual negaría reales avances de gestión, como tampoco los gobiernos anteriores fueron absolutamente malos porque entonces no hubiera llegado democráticamente el actual) ni todo lo que plantean los opositores no sirve, como sostiene la mayoría de los oficialistas.

Reconocer a “el otro”, entenderlo y respetarlo, aceptando su existencia aunque no se comulgue con él son máximas democráticas. En la medida en que los electores maduran, el insulto y la “media verdad” solo son contraproducentes para quienes lo practican. Un buen consejo para los candidatos y para algunos “opinadores”, porque “La verdad padece, pero no perece” (Santa Teresa de Jesús, escritora mística española).

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