Columnistas

¿Medios en la telaraña del poder?

Los medios de comunicación y los periodistas quedaron a merced de la telaraña del juego político.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

00:00 / 13 de junio de 2017

La polarización socio/política es un sello distintivo en el decurso histórico boliviano. En el ocaso de la pasada década, Bolivia vivió uno de sus momentos más neurálgicos de su historia contemporánea. La reactivación de las diferencias sociales, étnicas y regionales rebrotaron a tal punto que puso al país al borde de la hecatombe. Uno de los legados más execrables de esa polarización fue que los medios de comunicación y los periodistas quedaron a merced de los vaivenes de la telaraña del juego político.

No es que la instrumentalización política de los medios, e incluso de los periodistas, nazca con esa polarización, ya que siempre existió desde los anales del periodismo boliviano. Sin embargo, ese momento crítico provocó un alineamiento directo y abierto de muchos medios, sea a favor o en contra por ejemplo del partido oficialista, el Movimiento Al Socialismo (MAS).

El discurso en torno a la dizque “objetividad” esgrimida por muchos medios privados fue una falacia. Durante los gobiernos neoliberales, los medios sirvieron para legitimar la economía de mercado y vincularla así con la democracia representativa. Entonces hay dos aristas, por un lado, “para sostener las profundas desigualdades que han azotado a América Latina desde la subjetividad —como dice el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales, quien trabaja en Argentina—, es preciso contar con una poderosa maquinaria de la construcción de subjetividad que legitime esas desigualdades: los medios hegemónicos”. Y por otro, hay “una relación directa —como dice el periodista boliviano Fernando Molina— entre la población y los gobernantes, (que) sin la mediación especializada e institucional de los periodistas vuelve a la primera más vulnerable a la manipulación y la desinformación”.

En este contexto de polarización no solo estaba en juego la disputa por la hegemonía, sino también por el sentido del devenir político. Aquí tal vez se puedan hallar las razones del porqué el gobierno del MAS vio la necesidad política de disputarle a los medios privados, muchos de ellos con inconfesables vínculos con la oposición política, la performatividad de la narrativa política por la vía del control del espacio mediático.

Ya sabemos que los medios no solamente son espacios en que se libran las batallas culturales, políticas e ideológicas, sino también que en muchas ocasiones se erigen en protagonistas de estas batallas. De allí que el posicionamiento político/ideológico de los medios/periodistas era inevitable en esa lógica de confrontación.

Ahora bien, surge una interrogante ineluctable: ¿qué consecuencias entrañan el control estatal o de la empresa privada sobre los medios de comunicación? O dicho en otras palabras, ¿qué efectos tiene esa adscripción político/ideológica de los medios respecto a algún polo de la disputa política? En ambos casos, sus efectos son pavorosos para los medios y fundamentalmente para los periodistas. Los medios se convierten en una especie de títeres maniobrados por el poder político o por el poder económico. En ese instante, su ecuanimidad periodística queda en entredicho. En suma, la herencia maligna de la polarización empujó a los medios de comunicación a que no asumieran una posición definida en el espectro de la lucha política, encaminándose en el limbo. Un ejemplo es Erbol, red que tiempo atrás despidió a algunos periodistas presuntamente por influencia gubernamental, y recientemente no permitió que un periodista vinculado con el oficialismo inicie su programa radial en esa red aparentemente por “presiones extrañas”, tal como señaló el propio periodista censurado.

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