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Tal vez más soportable sería si el Gobierno propusiera alguna alternativa interesante de verdad

La Razón / Ana Rebeca Prada

00:02 / 28 de agosto de 2013

El persistente ataque del gobierno del MAS al libre pensamiento y a la libre expresión ha llegado a niveles de abuso y grosería insostenibles. El haberse hecho de varios medios de comunicación y haber intervenido (o intentado intervenir) todo medio que tenga un tinte disidente ha contaminado nuestras formas de concebir el espacio público y la comunicación social. ¡Qué rabia les da no poder con todos! Lástima que muchos intelectuales que fueron en su momento gente de ideas propias y principios de libertad apoyen esta arremetida. Lástima que medios que tenían un potencial interesante como foros abiertos a la conversación y al debate se hayan afiliado a la vergonzosa megalomanía de la verdad única.

Tal vez más soportable sería si el Gobierno propusiera alguna alternativa interesante de verdad; una versión rescatable de la realidad. Lo que propone es la manipulación y la descarada mentira.

¿Cómo puede aceptar un(a) intelectual que ha hecho una carrera universitaria, y que a partir de ella trabaja, el ataque resentido y vulgar a todo trabajo intelectual que no condiga con la triste versión de sí mismo en que ha devenido el Gobierno? ¿Cómo puede un(a) intelectual mirar indiferente el ataque a las instituciones de formación superior públicas (ataque que distorsiona persistentemente la realidad) porque éstas bloquean la intervención oficial? ¿Cómo puede un(a) intelectual oír la vergüenza de los gobernantes chabacanamente echándose flores por su ignorancia y su vulgaridad, cuando los niños y los jóvenes bolivianos están viendo y escuchando? ¿Cómo puede un(a) intelectual verificar la indiferencia (la absoluta indiferencia) del Gobierno ante el crecimiento inmenso de la violencia en la sociedad, violencia que en gran medida tiene a las niñas, a las jóvenes y a las mujeres como víctimas? ¿Cómo no perder el sueño ante el uso abusivo de la enorme cantidad de dinero de los bolivianos que el MAS está usando sin dar cuenta, derrochando, comprando conciencias, cuando podía ir aquello a una educación seria de los niños del país, a la industrialización pensada en serio, la creación de empleos, el control de todas las violencias? ¿Cómo mirar confortablemente anestesiado(a) la arremetida violenta contra los indígenas y quedarse sentado(a)? ¿O la forma en que las instituciones del Gobierno tratan a los ancianos? ¿Cómo permanecer con cara de piedra ante la abierta defensa oficial de la coca y los cocaleros, nueva élite vinculada al crecimiento geométrico del narcotráfico?

Éstas son las preguntas que debieran estar tratando los medios y que, por supuesto, el MAS no quiere que traten. ¿Cuál es la recompensa? En algunos casos, imagino, pecuniaria. En otros, seguramente, la fantasía de ser parte de algo significativo, y/o el delirio de detentar un poder, con las golosinillas mentales que ello suele conllevar (imagino).

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