Columnistas

Memoria y creatividad

Toda creación es el verdadero instrumento para proyectar lo nuevo,  lo singular y lo sorprendente

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

02:33 / 15 de octubre de 2015

Existen momentos en la historia de las ciudades que han marcado su ayer y su hoy, gracias a las importantes decisiones que fueron adoptadas para sus transformaciones urbanas y funcionales. Así, la fuerza y consistencia de esa tarea constructiva logró no solo su desarrollo, sino que además abrió el interés internacional para ser visitadas y apreciadas.

No se debe olvidar, empero, que en ese camino exitoso lo primero que se exigió fue el respeto al pasado de esas urbes, ya que ello significaba valorar el constructo del ayer, la base para toda transformación. Por tanto, los cambios no olvidaron a su historia y menos se asentaron en la destrucción de obras significantes. Esto, porque la memoria urbana concentra registros que recuerdan la razón de su existencia en las ciudades.

Ese esfuerzo encontró el camino abierto a la evolución de la ciudad, porque desde el primer momento estuvo claro que su desarrollo debía ir acompañado de lo que hace al futuro, lo nuevo. De ahí que la mayoría de las urbes tomaron conciencia de que para cumplir con ese objetivo se necesita de fuertes inversiones económicas, útiles para cualquier intervención urbana de gran dimensión. Es evidente que la nueva imagen debe contar con un resultado de impacto, el cual luego se convierte en el atractivo e interés para visitar la ciudad; un ejemplo de ello son las urbes europeas de relevancia.

Es innegable que, luego de 15 años de iniciado el nuevo siglo, ha llegado el tiempo y la oportunidad (quizá única) de modernizar y proyectar a La Paz al siglo XXI, lo cual parece ser una obligación y una exigencia necesaria. Y ello significa entender que su desarrollo no solo se refiere a pensar en el incremento de edificios, sino en el crecimiento del conjunto urbano y el surgimiento de la nueva ciudad con la ayuda de nuevos edificios.

De este modo, una urbe como La Paz necesita, independientemente del aspecto de la infraestructura urbana, el apoyo de una gran dosis de creatividad. Esto para equilibrar los ingresos económicos moderados con los que se cuenta.

El dar el salto quemando etapas aún no vividas es otra realidad de esta urbe. A pesar de ello se debe tener claro que toda transformación tiene sus propias reglas, sus tiempos, sus articulaciones y, como en todo, sus riesgos.

Quizás el nombre del presente artículo parezca algo contradictorio entre “memoria y creatividad”, ya que significan el pasado y la creación de lo nuevo; sin embargo, se debe recordar que toda creatividad se alimenta de hechos ejecutados. Los primeros en entender aquello fueron los griegos, quienes opinaban que las musas divinas inspiradoras del arte son hijas de la Mnemosine.

Es bien conocido que toda ciudad, directa o indirectamente, busca ser visitada, porque eso atrae ingresos económicos. El pensar en el visitante implica reflexionar sobre la importancia de una realidad afincada en el observar, que hace del territorio un paisaje y del movimiento un viaje. Aquello invita a considerar que ese mirar exige atención tanto en el paisaje como en la imagen urbana. Lo sorprendente de ello es que el visitante se ha convertido en los últimos tiempos en el más grande consumidor de lo exótico, y para ello busca dislocarse en lo particular, dentro de una permanente movilidad en la urbe. Cualidades y versatilidad que se encuentran en una ciudad como La Paz, la cual motiva a pensar que toda creación es el verdadero instrumento para proyectar lo nuevo, lo inesperado, lo singular y lo sorprendente. 

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