Columnistas

Memorias

Es muy diferente conocer esta ciudad desde las alturas que conocerla desde lo bajo

La Razón / Carlos Villagómez

01:45 / 20 de marzo de 2012

Con su venia, voy a exponer algunas memorias de infancia y juventud en un lenguaje personal. Siempre he deseado escribir sobre ello, sin embargo tenía (y tengo) el temor de parecer individualista, ególatra y presuntuoso. Pero recordar algunos pasajes de mi vida personal me permite establecer el porqué tengo diferencias de apreciación sobre esta ciudad y sus pulsiones con respecto a otros colegas.  A pesar del respeto que profeso a todos ellos, siempre persiste ese dejo de amargura que conllevan las diferencias de criterio, su manera de expresarlas y, sobre todo, la maledicencia con que se evalúan esas diferencias.

Una característica personal es que nunca he retenido mis opiniones sobre esta urbe y esto, creo, se debe al privilegio de haber sentido esta ciudad desde las alturas. Por razones de nuestra azarosa vida política, mi familia tuvo que vivir en el exterior y retornar a La Paz cuando yo tenía diez años. Pasamos un breve tiempo en casa de familiares y mi madre, por esa dignidad que siempre he valorado, decidió vivir con sus cuatro hijos en unos pocos cuartos en la zona de alto Sopocachi. La propiedad estaba en un callejón de tierra sin los servicios básicos adecuados y completos.

Es decir, un inicio de vida urbana como tantos miles de paceñas y paceños pegados a las alturas de este valle andino. Ahí pasé mi niñez y juventud y fue ahí donde viví la etapa más feliz de mi existencia en este sitio: sentí para siempre la presencia del Illimani; aprendí a valorar en cada amanecer todas las bellas montañas que nos rodean; aprendí a gozar de la amistad de los amigos y amigas jugando al combate de apasancas, al trompo o al ch’uti en pleno callejón o en los enormes canchones del frente; aprendí a volar cometas hacia el infinito de la mano de un payaso temporal de circo que vivía (con toda su numerosa familia) en un cuchitril en la esquina; vi centenares de ch’ainitas y pichitancas comerse la cebada sembrada en la pequeña propiedad; volé hacia la ciudad en un columpio de vaivén gigantesco que estaba colgado de enormes eucaliptos; fui testigo del llamado proceso de urbanización o de cómo crece esta ciudad  en la  mera puerta de mi casa; además fui testigo de cómo crecía mi casa, de a poco, pero jugando feliz entre los muros y las vigas de una interminable obra gruesa. En suma, viví una interminable sucesión de experiencias que me marcaron para toda la vida.

Creo que en una topografía como la nuestra, es muy diferente conocer esta ciudad desde las alturas que conocerla desde lo bajo. Los de arriba tienen el privilegio de gozar de la interminable perspectiva y de la visión de mundo que ella te forma. Los que sintieron esta ciudad siempre desde abajo pienso que tienen en mente que ahí arriba está el aeropuerto que los llevará a Miami. 

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia