Columnistas

Mensajes urbanos a través del arte

Además de mensajes referidos al arte, la Bienal de 2017 hizo referencia a la realidad que vive Venecia

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

11:52 / 25 de mayo de 2017

Cada dos años, las bienales organizan encuentros internacionales para exponer la producción contemporánea de arte, logrando crear polémica y producir grandes debates teóricos que enriquecen el camino de este ámbito. Como consecuencia, ese tipo de eventos se convierten en dinamizadores de la vida urbana, no solo porque el arte se posiciona en las calles a través de bellas instalaciones (v.g. Bienal de Venecia 2017: 85 pabellones nacionales y 120 artistas), sino por el significado singular que traen consigo la mayoría de esas obras.

Habrá que recordar que a partir del siglo XI Venecia inició la construcción de una ciudad al medio de canales para la consolidación de sus orillas. Sin embargo, también se excavaron nuevos canales para facilitar el tránsito de embarcaciones pequeñas; sin olvidar a los que se cegaron para obtener mayor territorio construible. Fue en ese siglo que comenzó la edificación de la Iglesia de San Marcos en una pantanosa huerta del monasterio de San Saccana, entre la antigua capilla de San Teodoro y el Castillo de Dux. Esa explanada concentra hoy una infinidad de bellas obras de arquitectura. Allí un simple artesonado de madera llega a producir gran admiración.

La Bienal de 2017 trajo consigo no solo mensajes referidos al arte, sino también a la realidad que hoy vive esa urbe. Uno de ellos, silencioso y de gran significado, fue el de Lorenzo Quinn, quien aprovechó la esquina del Hotel Ca’Sagredo para la instalación de dos enormes manos que salen del canal como si sostuvieran esa edificación. Una idea muy sugestiva que pone en relieve la necesidad de impulsar la protección y conservación de Venecia, a fin de evitar cualquier posibilidad de hundimiento de esa ciudad única. Actualmente algo de esto ocurre por ejemplo en la plaza de San Marcos.

Un segundo mensaje fue la obra Torre Dorada del artista James Lee, que fue construida con un material de mosaico dorado y se instaló adyacente al Palazzo Barbarigo, buscando posiblemente que su presencia y altura de 20 metros se muestre como el faro simbólico del evento. Tampoco faltaron las producciones que provocaron otro tipo de sensaciones, como la de la alemana Anne Imhof, quien con su creación Fausto no solo causó polémica (por su sentido conceptual de cuestionamientos al presente del arte), sino que además impactó por el piso de vidrio instalado en su recinto, el cual, por su altura, produjo sensaciones de incomodidad. A pesar de ello, esta obra se llevó el León de Oro al mejor pabellón nacional.

Algo que se debe destacar es que las bienales generalmente buscan los lugares más subyugantes de las ciudades para realizar exposiciones de obras de arte contemporáneo, pues las performances y las instalaciones apuntan a expresar distintos mensajes con el apoyo del entorno construido y natural que las rodea, y mucho más en el caso de Venecia.

Reafirmando su tradición cultural, Venecia recibió otra bienal, esta vez de arte. Un evento en el que los artistas, además de presentar sus obras, aprovecharon para enviar mensajes sobre la protección y conservación que merece aquella ciudad, que es patrimonio de la humanidad.

Es preciso recordar que las urbes son construidas durante siglos y cada uno de sus tiempos se expresa a través de obras y entornos edificados, los cuales no tienen por qué ser borrados o sobrepuestos con un nuevo significado, ya que cada uno tiene su valor propio en la historia de las ciudades.

* es arquitecta.

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