Columnistas

‘Mensalão’ y liderazgos

Un Brasil que trabaja para recuperar su liderazgo subregional frente a Venezuela

La Razón / José Rafael Vilar

00:24 / 11 de diciembre de 2012

Preparaba este comentario sobre el mayor escándalo de corrupción política en Brasil, el mensalão durante el primer gobierno de Lula, cuando una gran contradicción de opiniones me hizo rehacer lo que iba a escribir. Me refiero a las opiniones, casi simultáneas, de Óscar Arias —Premio Nobel de la Paz, dos veces presidente de su país y uno de los mayores referentes democráticos en Latinoamérica— y la de los cancilleres del Mercosur sobre Paraguay y su democracia.

Para Arias, encabezando una misión de la OEA, la democracia paraguaya actual asegura una elección presidencial idónea en abril de 2013. Para los cancilleres del Mercosur —ampliado sin el voto paraguayo, a pesar que se violan sus Estatutos—, Paraguay estará “en examen” hasta agosto, al menos, cuando asuma el nuevo Presidente.

Opiniones encontradas y que merecen análisis. En 2008, la Alianza Patriótica para el Cambio —una decena de partidos y movimientos de centro e izquierda, cuya principal fuerza electoral era el Partido Liberal Radical Auténtico del hoy presidente Federico Franco Gómez—con el exobispo católico Fernando Lugo Méndez ganó en Paraguay con 41% de los votos; el aporte electoral del Frente Guasú—a su vez, entonces una veintena larga de organizaciones, la agrupación que dirige Lugo— a la alianza estuvo alrededor de 4%, comparando los votos que habían recibido los demás partidos en 2004, sin el frente.

Lugo Méndez tuvo una gestión ambivalente caracterizada por aciertos —avances en el sistema de salud, en la educación pública y en mayores tarifas de Brasil por la energía de Itaipú—, escándalos —los reclamos por su paternidad—, alineamientos ideológicos —con los países bolivarianos— y graves incumplimientos —sobre todo en la prometida Reforma Agraria. Hoy, al Frente Guasú le quedan: pocas organizaciones —varios desgajamientos por lo que la expectativa de escasísimos votos hacen que, a pesar de participar en las elecciones, las denuncie—; una gran sede, muy lejos de su vocación por los pobres, y el decidido y efectivo apoyo de sus aliados bolivarianos. Y el de Brasil. Un Brasil que trabaja para recuperar su liderazgo subregional frente a Venezuela y superar el lulismo para que la presidenta Rousseff afiance su propio liderazgo personal.

Y retomo un elemento muy importante en este último objetivo: El juicio sobre el mensalão —la gran mesada— ha barrido ejemplarmente, entre otros castigados,  con un gran grupo de líderes políticos, la mayoría de los cuales conformaban el núcleo de más poder del Partido dos Trabalhadores alrededor de Lula (quien, hasta ahora, no ha sido acusado directamente).

Cuando hoy en Bolivia se descubre un escándalo de corrupción que penetró estructuras del Gobierno y la Justicia, la comparación con Brasil es necesaria: Dentro de una democracia, si la corrupción no puede ser evitada —lo que sería una obligación—, sí debe ser decididamente sancionada. Cierro con una cristiana oración de sanación por el presidente Chávez Frías y uno mis votos a los de él por una democrática transición, si fuera necesaria.

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