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Mestizaje

No soy el primero  que se resista a creer que en Bolivia no hay mestizos. Mestizos somos todos

La Razón / José Gramunt de Moragas

00:57 / 18 de enero de 2012

No soy el primero ni seré el último que se resista a creer que en Bolivia no hay mestizos. Mestizos somos todos, gracias a Dios. Por mencionar un caso emblemático, los europeos mediterráneos han sido siempre y seguirán siendo mestizos: mezcla de  fenicios, griegos, romanos, judíos, árabes, germanos y de cuantos pueblos pasearon sus virtudes y sus vicios por aquellas tierras.

En la medida que los pueblos de Occidente se mezclaron con la gente de otras culturas, las de la América recién descubierta, nacieron y se procrearon los mestizos como las arenas del mar. Tanto o más importante que los cromosomas fueron los valores culturales, los principios éticos que cada pueblo cultivó y transmitió a sus incontables  herederos.

Veamos cuáles fueron esos valores que se difundieron por todo el mundo. El pueblo elegido de Israel fue el depositario del Decálogo, el código moral más completo que se ha escrito en la historia. La sabiduría griega sigue siendo la matriz del pensamiento contemporáneo. El derecho romano está en la profunda raíz de las legislaciones más modernas. El Renacimiento abrió las ventanas a la investigación científica y al refinamiento de las artes. Las “luces” de la Ilustración proclamaron las libertades ciudadanas, frente a las diversas formas de absolutismo. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre resumió y promulgó ante el mundo entero todo el acervo acumulado por lo mejor de la historia universal.

Dígase lo que se quiera, estos valores son el patrimonio más insigne de lo que llamamos Occidente. Y aunque no siempre los valores aquí apuntados brillaron por su esplendor, sin duda que fueron dejando huellas indelebles que no admiten retroceso. Y, como consecuencia, no podrán ser legítimamente suplantados por unas cuantas recetas de efecto más o menos duraderas que han ido jalonando la historia. Cuando ese mismo Occidente olvidó sus propias esencias culturales, cuando dejó a un lado los valores éticos y morales, entonces fueron suplantados por los cultos a los falsos dioses. Pongo por caso el culto a la raza, la metodología de la lucha de clases, el materialismo dialéctico, la divinización del tirano, la dictadura del mercado.

Y ahora, resulta que el Estado Plurinacional quiere saber cuántos de sus súbditos pertenecen a una u otra etnia, todas ellas muy respetables. Pero, en la consulta donde cada uno de los ciudadanos encuestados tendrá que autodefinirse como perteneciente a uno u otro grupo étnico-biológico-cultural se quiere prescindir de la denominación de mestizo.

Previamente a esta indicativa equivocada, el Gobierno plurinacional creó el Ministerio de Descolonización, cuya misión fundamental parece ser la de borrar las huellas de las culturas injertadas al acervo originario boliviano. Lo que no podrá hacer ese ministerio es ignorar el árbol genealógico y las huellas genéricas de cada grupo humano mestizo.

Con lo dicho llego a la conclusión de que ese ministerio peca de inmovilista, exalta lo primitivo y margina lo sobrevenido al que pretende inútilmente desconocer y al que mira con resentimiento. Habría que cerrar ese ministerio por antihistórico y retrógrado. El imaginario nuevo ministerio podría llamarse “Ministerio de las etnias y el mestizaje”.

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