Columnistas

México, ¿esquizofrenia social?

El Gobierno mexicano se empeña en resguardar su imagen

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

09:34 / 04 de febrero de 2017

Describir el estado anímico de la sociedad mexicana en estos momentos resulta muy arriesgado, porque criticar a un contexto en el cual uno nunca dejará de ser extraño supone la ausencia de conexión con esa subjetividad tan particular del mexicano. Porque aparentemente esta es una sociedad donde “nunca pasa nada”, según algunos incómodos con su propia tierra, aunque en realidad parece ser una sociedad en la que ocurre todo, mas su inmensidad hace imposible la conciencia de ese todo y al final solo se concientiza algo que es igual a nada, sobre todo si el insumo de esa conciencia lo proveen los medios de comunicación. Y tal vez esta contradicción permita dar cuenta del estado anímico de este país situado “tan lejos de Dios, pero tan cerca de Estados Unidos”, la que por cierto es una frase muy locuaz atribuida a Porfirio Díaz, uno de los pocos dictadores mexicanos.

El hecho es el siguiente: a partir del primero de enero el Gobierno liberó el precio de la gasolina, justificando esta medida por la falta de capacidad del Estado para seguir subsidiando su costo, debido a la caída internacional del precio del petróleo y el bajo crecimiento de la economía. La publicitada reforma energética mostró así su cara; en tres días el precio de la gasolina subió un 20%, provocando el encarecimiento de los productos de primera necesidad. Lo atípico, fue el malestar colectivo que derivó en movilizaciones en 19 de los 32 estados, anunciando aparentemente el tan esperado despertar del león dormido, por quienes afirman que en este país “nadie hace nada”, siendo parte del mismo.

Pero el enojo social fue detenido en seco por las primeras medidas de Donald Trump, cuya elección ya había provocado el desánimo de los líderes de opinión y la devaluación del peso en cerca de 18%. Aquel imaginario de que “el Trump-as odia a los mexicanos” parecía hacer sentido con la amenaza del presidente estadounidense de imponer sanciones a todas las empresas del país del norte que inviertan en territorio mexicano, su insistencia en la construcción del muro fronterizo que el Gobierno mexicano debería pagar, su amenaza de romper el TLC y de deportar a tres millones de los más de 11 millones de mexicanos cuyo estatus migratorio es considerado ilegal.

En ese contexto, el Gobierno mexicano se empeña en resguardar su imagen, arrinconando a su Presidente y exponiendo a sus funcionarios de mayor colmillo político; los medios hacen odas a la bandera reivindicando la identidad nacional o distrayendo a través de sus típicas formas con programas basura o maquillando la información.

Los periodistas ven el conflicto bilateral como si se tratara de un partido de fútbol, publicitan las acciones del Gobierno y los más críticos buscan rematarlo, aprovechando su impericia. Los opinantes cabildean a favor de un gobierno con carácter, muestran sus miedos o extienden su resignación, o por asociación buscan demonios internos. Los intelectuales callan, se elevan en sus disquisiciones, algunos hacen eco de la sugerencia de “mirar hacia el sur”. Las elites reivindican la contribución de los mexicanos a la economía más poderosa del mundo, reclamando la defensa de los tratados comerciales, etcétera.

El resto yace en medio de ese cruce de mensajes, en aparente estado de confusión o incertidumbre, cercano tal vez a la esquizofrenia social. Pero si bien parece que el ente colectivo se encuentra en estado de neutralidad, no sabiendo cómo moverse, ni sabiendo qué hacer, continúa atrapada en la inmovilidad de su cotidiano donde siempre ha estado. En ese ámbito, hasta hoy, el resto angustiado se ubica al nivel del otro resto de “valemadres”, practicantes de la filosofía de que a ellos todo “les hace lo que el viento a Juárez”, nada.

Es doctor en Sociología.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia