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Las aceras de las calles son su reino, allí no valen las reglas de tránsito, ni la cortesía

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia Quiroga

00:05 / 23 de febrero de 2014

En tanto se escuchan y leen confusas concepciones sobre la justicia y opiniones sobre los fusibles de la sociedad y el Estado, es decir los abogados, otra cosa importante está sucediendo en nuestra ciudad, porque no se requirió de su concurso para establecer un diálogo entre Alcalde y gremiales.

Francisco Figueroa es una especie de Lechín de los llamados gremiales. Es el líder de un ejército que durante décadas ha legitimizado el comercio minorista y mayorista, paradójicamente llamado comercio informal. Antiguas redes familiares de comerciantes y grupos conectados con aduaneros han conformado, después del DS 21070, una particular clase social que se adueña de las calles. No pagan impuestos, no emiten factura, los diurnos no gastan en luz y casi ninguno paga alquiler. Las aceras de las calles son su reino, allí no valen las reglas de tránsito, ni la cortesía. Muchos de estos clanes tienen origen en las provincias paceñas y han extendido su “éxito” comercial al interior del Estado. Constantemente se disputan espacios urbanos con los municipios. Son grupos familiares que se apoderaron de las aceras. La pionera se apropia de un pedazo de la acera con un modesto puesto de caramelos. Poco después, sopesando el flujo de habitantes (colegios, oficinas) captura otro pedazo para su hija mayor. Más tarde llegan sus primos con quienes monta un pequeño imperio en tres o cuatro cuadras, y ¡guay del que quiera invadir su territorio!

Al pasar los años, el hijo o la hija mayor está inscrito en un colegio privado, y mejor si caro por cuestión de estatus y prestigio, para que luego estudie Administración de Empresas, Contaduría y temas afines al manejo no solo de las economías domésticas, sino de flujos mayores. Los enclaves de Iquique, Ilo, aeropuertos y sus familiares que emigraron son el nexo que completa su desplazamiento vertiginoso. Todos los gobiernos tuvieron que transar con los gremiales y el otro imperio: el magisterio. Ya es parte del folklore de comienzos de cada año que ambos grupos se pongan de acuerdo para movilizarse, en un vaivén que convierte a la sufrida ciudadanía en mártires del caos urbano.

Vargas Llosa, en su visita a Santa Cruz, ponía de ejemplo a los anglosajones que no esperan nada del Estado y resuelven su vida económica de manera creativa y sagaz. Alude a los latinoamericanos que no hemos impulsado ese ejemplo de los imperialistas ingleses, una de las razones de nuestras economías débiles. Tal vez no esté enterado de que la mayoría de los bolivianos no viven del Estado; y que más bien, sobre todo los emigrantes del área rural, siempre se sintieron excluidos y, por lo tanto, el contrabando y la evasión impositiva era y es una manera de estar contra el Estado.

La Garita de Lima, en el periodo colonial, era un centro de acopio de mercaderías para trasladarlas hasta la capital del Perú, de ahí su nombre. Actualmente no es un mercado, eso por lo menos nos muestra su distribución urbana, pero los asentamientos de comerciantes, no de ahora, sino desde hace muchos años, convirtieron una vía urbana en un centro comercial.

Varias familias con poder económico manejan los intereses de varios grupos. Es cierto, todos tenemos derecho a trabajar, pero no es pretexto para impedir que trabajemos de mejor manera. Las señoras que mantienen sus puestos, por ejemplo, adolecen de serios problemas gastrointestinales y renales por su constante exposición a la polución que producen los automotores y los cambios intempestivos del clima diezman a las caseritas. Además, los cuchitriles y choj’cherios han engendrado grupos de delincuentes  y prostíbulos clandestinos, que seguramente forman parte de la red comercial.

El pésimo resultado que tiene el nuevo mercado Lanza ha puesto en alerta a este sector, que no quiere que se repita ese fracaso. Por eso es imperativo que se haga un estudio desde los comportamientos culturales urbanos y consensuar el diseño, utilidad y estética de un nuevo espacio que acoja a los vendedores; porque La Paz debe avanzar y debemos recordarles a los gremiales que esta ciudad es tanto de ellos como de nosotros, que también necesitamos trabajar.

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