Columnistas

Miércoles de Ceniza

Cuando se despejen las calles y se dispersen las cenizas, se podrá encontrar caminos de concordia

La Razón (Edición Impresa) / Abrelatas (porque todo nos llega enlatado) - Verónica Córdova

00:00 / 02 de marzo de 2014

Cuando pasen los días de locura, amanecerá de nuevo en medio de cenizas. Ojalá entonces los violentos hayan entendido que la rabia no construye ni resuelve. Ojalá hayan comprendido que su frustración y su desesperanza —que es real, existe y debe tomarse en cuenta— está siendo prostituida por intereses extraños, que solo ven en ellos la oportunidad para intervenir y saquear.

Para entonces no habrá cesado, seguramente, el llanto de quienes perdieron a los suyos. Eso quizá nunca cese. Pero cuando pase la locura, se podrá —con mayor claridad— identificar responsables y buscar una justicia que no sea venganza ni perpetuidad del conflicto, sino reconciliación y calma.

Cuando se despejen las calles y se apaguen los fuegos y se dispersen las cenizas, cuando retorne la calma, se podrá encontrar caminos de concordia; se podrá poner sobre la mesa los problemas, discutirlos como primer paso para remediarlos. Sin diálogo,  no puede haber soluciones, y el que no tiene voluntad de diálogo es porque solo tiene voluntad de guerra y de violencia.

El 5 de marzo será Miércoles de Ceniza y se cumplirá un año de la ausencia de Hugo Chávez, a quien tanto se añora en estos días de fuego y de amenazas. Pues es justamente el espacio que dejó al partir el que ahora se está explotando para sembrar división y crear zozobra. El objetivo es el mismo que hubo siempre: expulsar al pueblo de su propia patria, administrar sus recursos, limitar su presencia y revertir su mandato, pues el enemigo no puede quedarse de brazos cruzados al ver que un país se libera por la voluntad soberana de su propia gente.

Venezuela ha pasado ya antes por trances como éste y ha salido airosa. No tengo duda de que el miércoles, cuando se disperse la ceniza, empezará una nueva etapa. Ojala los problemas económicos encuentren caminos de solución, ojalá se limite la delincuencia, ojalá se establezcan mesas de diálogo y reconciliación, ojalá se haga justicia y se castigue a los vándalos pero también a los policías que cometieron abusos, ojalá se fortalezca la democracia. Sería ese el mejor homenaje para quien, un 5 de marzo, dejó un fundamental legado para todos los latinoamericanos.

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