Columnistas

Mil oficios

¿Cómo hacer para no dejar pasar la oportunidad de recoger y aprovechar ese mundo de creatividad?

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:02 / 06 de febrero de 2014

Lo vi en febrero de 2004. Vestido de overol azul y gorra hasta debajo de las cejas,  vendía en su carretilla todo tipo de material escolar; le pedí que me vendiera un resaltador y sacó tres de la montaña de lápices de colores, cuadernos, bolígrafos, estuches geométricos.

De su hombro izquierdo colgaban rollos de plástico transparente y azul que vendía por metros, la tijera estaba lista pendiendo de una pita. Era un experto en útiles escolares, no cabía la menor duda. Pero su bigote, poco habitual en un vendedor de carretilla, lo delató. Era el maestro en tortas navideñas que dos meses antes daba clases en un centro de formación técnica. Más aún, era la misma persona y con la misma carretilla que en los días de carnaval en 2003 ofrecía las caretas de Osama Bin Laden como la “novedad” carnavalera.

No pude resistir conversar con ese personaje que tenía tantas y tan diversas experticias. Durante la conversación iba de asombro en asombro al saber que había sido barman en un hotel de cinco estrellas en La Paz, y tenía registrado un cocktail con el nombre de su esposa: Marina. También supe que tejía chompas de exportación. Sus oficios y conocimientos pasaban por la Facultad de Derecho de la UMSA. El año pasado lo vi enternado, en la antesala del Ministerio de Trabajo, ejerciendo su profesión.

Entre los muchos oficios de Ángel (es su nombre), está uno que todavía me hace dudar de si es un microempresario, abogado o genio, enaniza perros. Fui hasta su casa a entrevistarlo, y allí me mostró un pastor alemán de cuatro años que había quedado del tamaño de un cachorro pero con la pinta de mayor. Era el tercer animal al que había modificado genéticamente sin ser médico o biólogo.

Desde que lo conocí hasta ahora, hace un poco más de diez años, le vi realizar un sinnúmero de oficios. Cuando le preguntan sobre su actividad, suele responder: “gremial”. Desde entonces presté atención a los gremiales que en Carnaval venden serpentinas, mixtura y vino para la ch’alla; en  Semana Santa venden cochayuyo; lápices y tajadores en tiempo de clases y ropa íntima de color rojo o amarillo en Año Nuevo.

Cuando pretendo racionalizar esta suerte de vocación camaleónica, recurro a creer que es la salida a la sobrevivencia, pero cuando descubro tanto ingenio, me inquieta la idea de pensar cómo hacer para no dejar pasar la oportunidad de recoger y aprovechar ese mundo de creatividad, de voluntad y pasar a engrosar la fila de los países que inscriben inventores, especialistas y genios en los registros de autor y los citan para que el resto de los mortales los sigan y los admiren.

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