Columnistas

Militares y la obsesión por el Che

Siento vergüenza nacional por esta actitud cívica y chauvinista de las Fuerzas Armadas

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

01:59 / 20 de octubre de 2015

Desde que comencé a observar a los militares bolivianos marchar cada 8 de octubre por la plaza principal de mi ciudad, atribuyéndose honores nacionalistas y odas histriónicas por haber abatido a Ernesto Che Guevara y a un puñado de hombres en Ñancahuazú en 1967, estos actos siempre me han parecido un descomunal ridículo. Frente a estos espectáculos, siento vergüenza ajena; mejor dicho, siento  vergüenza nacional por esta actitud cívica y chauvinista de las Fuerzas Armadas. Esta vergüenza no está mediatizada por una cuestión ideológica, sino por una ausencia de una ubicación histórica que hacen de esos actos no solamente estridentes, sino también grotescos.

¿Acaso uno debería jactarse del patriotismo de unas FFAA que asesinaron cobardemente al mítico guerrillero cubano-argentino cuando éste estaba reducido en su condición de prisionero y luego mintieron afirmando que habría muerto en un combate militar?, y que dicho sea de paso estaban deshonrosamente subordinadas a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana. Esa victoria militar sobre el Che es una victoria pírrica, por cuanto se asemeja al triunfo de Pirro, rey de Epiro, quien logró una victoria sobre los romanos con el costo de miles de sus hombres.

Hace pocos días, el presidente Evo Morales acertadamente decía: “Hemos derrotado al Che, (qué) vergüenza, quién derrotó al Che, deberían olvidarse de eso las Fuerzas Armadas”. El Che Guevara es una suerte de trofeo de guerra para los militares bolivianos, que lo utilizan para paliar su  escasez de victorias o para redimirse ante la historia. Por eso, esta “victoria” sobre la guerrilla de Ñancahuazú fue maximizada al punto de convertirla en toda una gesta heroica.

La obsesión por el Che se explica por el adoctrinamiento que recibían los militares en el contexto de la seguridad nacional durante los años 60 y 70, y en la que se concebía al comunismo como el enemigo principal al cual se debería aniquilar. Con la llegada del Che, esa visión ideológica se reforzó en el imaginario de los militares, cuyas resonancias incluso perduran hasta al presente. Al parecer, el Che, como si fuera Hamlet, hoy sigue atormentando y una forma de zanjar este espectro que ridiculiza a los militares es revisar el pasado castrense, en busca de hechos históricos que dignifiquen a los militares. Así por ejemplo, el presidente Morales recomendó recuperar el papel del Ejército de la Confederación Perú-Boliviana durante la presidencia de Andrés de Santa Cruz que evitó que Tarija se convierta en parte de “Argentina, en esa batalla los derrotaron”.

Respecto a la burda victoria de los militares sobre la guerrilla guevarista, sería más digno rescatar aquellas derrotas que connoten mayor heroísmo digno y patriotismo, como escribió en 1892 Vicente Ochoa, el primer biógrafo de Eduardo Abaroa: “Si el triunfo no es la gloria, la derrota no es la vergüenza”.

Los militares bolivianos necesitan revisar el pasado, para hallar sucesos heroicos, victorias y derrotas, que les permitan reconstruir una nueva narrativa histórica que privilegie la dignidad del militar boliviano. Esta nueva memoria histórica debería ser una fuente de renovados valores que sirvan para la construcción de un nuevo perfil del soldado boliviano, acorde con los tiempos de cambio que experimenta el país; y evitar así lo que decía Pirro al contemplar el resultado de su triunfo sobre los romanos: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”.

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