Columnistas

Minería: precios y ajuste

Esta mentalidad impide tomar medidas para prevenir y atenuar efectos de la caída de precios

La Razón / Gabriel Loza Tellería

00:03 / 29 de junio de 2013

Como una crónica de una caída anunciada, las cotizaciones internacionales de los minerales en lo que va del año se desmoronaron entre el 10% en el caso del plomo, 14% el estaño y 28% en la plata. Esta declinación es parte de la fase descendente de precios que se inició ya en abril de 2011, se acentuó a mediados del año pasado y que hoy, con las informaciones sobre la desaceleración de la economía china, recién son motivo de alarma. Y al igual que antes, por ejemplo en la crisis de los 80 después del boom de los 70, no podemos hacer ahora casi nada, porque no se aprende de las duras lecciones pasadas.

La lección más obvia es que, si bien los precios son volátiles y todo lo que sube puede bajar, el problema es que cuando nos va bien siempre subimos los costos, especialmente los laborales, que en el caso boliviano son rígidos, inflexibles a la baja. Con esta restricción existente, cuando nos va mal, no hay ajuste que valga y que sirva de algo, sólo medidas paliativas como los tradicionales programas de emergencia. Y es simple la aritmética, si los precios caen por debajo del costo, no hay punto de equilibrio y cae la rentabilidad, independiente de que la actividad sea privada, pública o cooperativista. Dada esta restricción,  tenemos poca capacidad de enfrentar shocks adversos. 

La segunda lección es que existe una cultura de que cuando nos va bien, los beneficios o el excedente económico son privados, es de la empresa, subimos los salarios pero somos reacios al incremento de impuestos y regalías, o al control del nivel salarial. Y el problema es cuando nos va mal, las pérdidas se socializan, son del Estado y de la sociedad. Esta lógica es facilista, porque sólo vemos una cara de la moneda, la que nos conviene, y no es nuestra responsabilidad cuando hay que soportar pérdidas. Y esta mentalidad ha estado muy enraizada en la minería estatal y cooperativizada, lo que hace muy difícil tomar medidas para prevenir (antes) y atenuar (ahora) efectos de la caída de precios, tratando de enfrentar aumentando la producción y no la productividad.

A diferencia  de la crisis de los años 30, el estaño era el principal producto. Ahora, aún siendo exportadores de productos primarios, tenemos una canasta más diversificada, con la presencia dominante de los hidrocarburos y en menor medida de productos agropecuarios. Ya no dependemos de la minería estatal y mucho menos de sus impuestos y regalías. Y justamente se habla ahora de que el petróleo se está convirtiendo, como el oro en 2008, en activo refugio anticrisis y el capital especulativo se está trasladando hacia este sector.

Recordemos que un activo refugio es aquel que está negativamente correlacionado con otro activo en periodos de crisis financieras. Es decir, si a un activo le va mal, a otro le iría bien. Así, el petróleo (cotización Brent) ha estado por encima de los $us 100,  aunque a lo largo de este año ha disminuido el 5,5%. En cambio, el precio del petróleo que utilizamos como referencia para el pago del gas natural, el petróleo WTI, ha subido el 7,1% hasta fines de junio y ha estado en torno a los $us 95 el barril, tomando en cuenta que para fines del presupuesto nacional se toma como referencia un precio en torno a los $us 70 el barril.

Por tanto, en este contexto actual de la crisis internacional, tenemos malas noticias asociadas al sector minero y buenas noticias referidas al sector de los hidrocarburos, por lo que el país tiene un margen de maniobra para hacer frente a los embates adversos del mercado mundial.   

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