Columnistas

La Ministra de Salud, en el banquillo

A la Ministra de Salud se la acusa de todos los males imaginables, incluso de ser joven, soltera, médico y mujer.

La Razón (Edición Impresa) / Tomás Molina Céspedes

00:06 / 30 de enero de 2018

Está de moda atacar a la Ministra de Salud, quien incluso acaba de ser interpelada en el Parlamento, sin éxito, por la oposición, que cuestionó desde su formación profesional hasta la forma cómo afrontó el último conflicto médico. Y el odio contra ella se ha recrudecido por haber sido ratificada en su cargo. Se la acusa de todos los males imaginables, incluso de ser joven, soltera, médico y mujer; pero sobre todo, por haber tenido el atrevimiento de pedir que no se les pague a los médicos por su larga huelga de 48 días.

La periodista Amalia Pando la acusó de no ser médica, sino simple enfermera, con estudios de solo dos años en Cuba. Y meses antes, con verdadero escándalo, la acusó falsamente de estar embarazada… El alcalde de Yacuiba, Carlos Bru, la agredió verbalmente con la siguiente frase: “Cama adentro, jefe, la Ministra también, cama adentro, patrón encima”. El sacerdote y director de radio Fides, Eduardo Pérez Iribarne, la llamó “desplazada de la vida” y le dijo “¡Discúlpeme, señora, no me atrevo a llamarla médica, no me atrevo! Será porque soy un maricón, pero no me atrevo a llamarla médica, prefiero llamarla Ministra de Salud. ¿Por qué está de ministra? No sé, me han contado chismes, pero no quiero difundir porque son chismes”. El Presidente del Comité Cívico Potosinista la injurió públicamente y pidió su destitución. Y en las redes, comentarios callejeros y en la prensa opositora se dice que Ariana Campero solo estudió cuatro años en una escuela de Cuba, que no es médica y que, consiguientemente, no está habilitada para ser ministra de Salud y menos para impugnar las huelgas de los galenos.

Sin embargo, lo cierto, lo objetivamente cierto, es que la Dra. Campero estudió seis años en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba, cuyo plan de estudios abarca seis años (como se puede comprobar en internet); que fue una destacada estudiante y que a su regreso trabajó como médica comunitaria en el municipio de Aiquile y en la implementación del Bono Juana Azurduy en las áreas rurales. Fue nombrada viceministra de Salud en 2014, para finalmente ocupar el cargo de ministra en enero de 2015, a los 29 años, siendo la ministra más joven del ramo en toda nuestra historia, despertando el odio de viejos galenos que no perdonan que una mujer, más aun joven, ocupe ese cargo.

Todo este odio y maldad no toma en cuenta y no reconoce que Ariana Campero impulsó desde su cartera ministerial la implementación de trasplantes renales gratuitos en todo el país; que durante su gestión se lanzó el programa universal de lactancia o subsidio prenatal en octubre de 2015, con el objeto de entregar gratuitamente productos alimenticios a todas las mujeres embarazadas a partir del cuarto mes de gestación; y se implementaron las ferias de salud gratuitas en todos los confines de la patria, el programa Telesalud, el programa Mi Salud, así como atención médica y dental gratuitas por medio de ambulancias, etc.

Además, no se toma en cuenta que el cargo de Ministra de Salud es enteramente administrativo, de dirección y aplicación de políticas de salud; para lo que se necesita sobre todo energía, honradez, patriotismo y experiencia. Al presente, la Dra. Campero tiene experiencia continua como viceministra y ministra de la cartera de Salud por más de cuatro años, con resultados óptimos. Entonces, ¿es justo acusarla de no tener experiencia, méritos y capacidad para ejercer ese cargo? En fin, considero que fue un acierto y un acto de justicia ratificarla, porque lo contrario hubiese significado dar la razón y contento a los enemigos de la atención médica gratuita y universal.

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