Columnistas

Monitos imitadores

Las neuronas espejo son las responsables de la empatía y del sentirse parte de una comunidad

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

01:58 / 12 de octubre de 2015

Participar en una barra brava en un partido de fútbol ofrece una experiencia muy interesante acerca de la manera que tienen los seres humanos de coordinar algo en conjunto. Con un ritmo pegajoso, miles de personas van ajustando una rima ya sea para incentivar al equipo o para humillar a los oponentes. Pero no solo coordinan cantos, sino también sentimientos.

Las responsables de estas coordinaciones son las denominadas neuronas espejo. Leí sobre ellas en un texto de Diego Golombek, editor de una colección de libros de divulgación científica llamada “Ciencia que ladra” de la editorial siglo XXI, muy recomendable por cierto.

Diego Golombek explica que si vemos a alguien que acaba de darse un martillazo en el dedo y muestra una cara espantosa de dolor, a nosotros, que no recibimos el martillazo pero que estamos ahí para verlo, también nos duele. Puede suceder lo mismo al percibir felicidad o éxtasis. Como señala Golombek, “así estamos cableados, no para poner la otra mejilla sino para sentir la mejilla del otro”.

De esta manera, las neuronas espejo son las responsables de la empatía y del sentirse parte de una comunidad, de una religión, de una manera de vivir en conjunto las alegrías, los miedos, los riesgos y las preocupaciones. Ese mensaje de “no estar solos” es parte de este cableado.

Así, podemos sentir sed ante un anuncio de una gaseosa popular, o comprar x o z producto para ser felices. No está muy lejos el caso del niño sirio ahogado que provocó conmoción en el mundo respecto a la realidad de los refugiados. Muchos pueden ni siquiera saber dónde queda Siria o por qué hay refugiados y desde cuándo, solo sintieron el golpe en la mejilla ajena y la hicieron suya.

En un sentido similar los mensajes en la redes sociales se combinan con emoticons, es decir pequeñas imágenes que intentan otorgar un sentido más humano al mensaje; y es que en el lenguaje, como el biólogo Humberto Maturana nos decía, más de un 90% de la comunicación humana es emotiva, pone en juego sentimientos, ritmos y musicalidad que muchas veces parecen perderse en el juego individualista de las redes sociales. Conversar justamente tiene en su raíz etimológica la idea de caminar juntos hacia algo.

Y es que en estos aspectos, como en otros, las neuronas espejo son las responsables de que nos comportemos repitiendo fórmulas, compartiendo sentimientos y opinando lo mismo que los demás. Esto lo saben los expertos de marketing político y lo utilizan a tiempo de apoyar o rechazar una opción política. Parece que llegados aquí sería bueno recordar la frase de Sartre: “No nos convertimos en lo que somos, sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros”. Dicho de otro modo, únicamente pensar es el antídoto para dejar de ser monitos imitadores.

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