Columnistas

Moro Gumucio sobre Espinal y el cine

El cine y la crítica cinematográfica fue el medio favorito de Espinal para expresar sus valores cristianos

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:06 / 15 de marzo de 2015

Como ya insinué en mi columna del pasado 1 de marzo, el próximo viernes, a las 17.30 en la Cinemateca, se presentará una nueva edición del libro de Alfonso Moro Gumucio Luis Espinal y el cine. Con tal motivo lo he vuelto a releer.

La parte introductoria (“Un amigo”) y el capítulo primero (“La noche de los desalmados”) son una excelente confirmación de que en Espinal no se puede diseccionar al cristiano, al periodista, al revolucionario ni al crítico y productor de cine. Todo forma una unidad muy coherente. Casi me animaría a decir que si bien su sólida vocación cristiana y religiosa es sin duda la que configura la coherencia y compromiso social de todo su ser y actuar, fue el cine y la crítica cinematográfica su medio favorito para expresar esos valores. Pero mantengo el “casi” por respeto a otras lecturas.

Aquí compararé dos series televisivas truncadas por la censura: Cuestión urgente en la España franquista y En carne viva durante la breve presidencia de Juan José Torres en Bolivia. Escribe Lucho sobre la primera: Cada semana revelaba “una herida, no para enconarla, sino para buscarle un remedio o avivar una esperanza”. Una vez, para el programa Hijos sin nombre, sobre niños abandonados por sus padres, visitó un asilo en cuyo patio jugaban 60 niños. “Un niño cayó al suelo y yo avancé para levantarlo. Cuando los otros 59 vieron esto, se lanzaron al instante todos al suelo”. Todos tenían hambre de cariño.

En poco tiempo esta serie fue una de las de mayor audiencia en toda España. A fines de octubre de 2007 Luis escribía al director: “Como sacerdote, no me importa ni un sueldo ni un determinado trabajo, sino en la medida que puedo expresar unas ideas que creo sirven bien para los demás”. El quiebre fue el tema del “barraquismo” (o villas miseria), abordado en el programa Inmigración. Lucho había escrito al mismo director (4-XII-67): “Éste es el aspecto del problema, más humano, urgente y trágico (...). Callar, en este caso, sería colaborar a que continúe (...) Y eso es insostenible. Como sacerdote debo estar de parte de los oprimidos.”

Años después comentó al Moro: “Me fui a casa. Me buscaron y volví una temporada más, pero las presiones no cambiaron.” El programa sufrió cortes por un total de diez minutos, Espinal dejó la TVE y con él abandonaron el canal algunos más. Los que quedaron lo mantuvieron hasta 1971, en que el programa “murió de asco”, según la expresión que Luis recordaba haber leído en la prensa. Apenas renunció, el programa fue galardonado con el Premio Nacional de TV. ¿Para “premiar la etapa que acababa (...) o la que empezaba?”

En 1968 volvió a nacer en Bolivia y rápidamente fue entrando en su nueva patria. En 1970 ya había obtenido la ciudadanía boliviana renunciando a la española, y ya no quiso salir nunca de Bolivia. En la naciente TVB inició, entre otras iniciativas, la serie En carne viva, una adaptación boliviana de su anterior Cuestión urgente, pero sin los recursos de los que disponía en España y —él pensaba— sin tantos riesgos de censura, siendo el periodo apertura de J. J. Torres. Llegó a producir cinco programas, pero en el último, sobre la violencia desde diversos puntos de vista, chocó de nuevo con la censura. Había logrado entrevistar al proscrito ELN, haciéndose secuestrar con su equipo. Sin embargo la gerencia de la TVB lo consideró una agresión y sus autores fueron expulsados del canal. ¿Nos animaríamos a ensayar ahora qué críticas de cine escribiría el propio Lucho sobre las varias películas y videos que circulan sobre él mismo? 

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