Columnistas

Motivos y razones

¿Por qué escribo sobre la ciudad? En un principio, impulsado por una mezcla de vanidad y pesadumbre

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

03:20 / 23 de junio de 2015

Voy a permitirme en esta entrega hacer algunos comentarios sobre esta columna. Hace meses que quería hacerlos y, además, porque nuestro editor Gonzalo Jordán nos pide un sinceramiento con motivo del aniversario de La Razón. Así que ahí van.

¿Por qué escribo estas reflexiones sobre la ciudad y sus habitantes? ¿Cuáles son sus motivos, o si prefieren, sus razones? En principio diré que tengo ganas de escribir llevado por una mezcla de vanidad y pesadumbre. Vanidad personal al poder expresar quincenalmente unas ideas sobre la ciudad y la sociedad paceña y saber que alguien las lee. Por ello, estoy más que agradecido por esos minutos de su tiempo que me regalan. Y si por ventura ese lector está de acuerdo con alguna de mis columnas, ya estoy en la gloria y con mi autoestima rehabilitada. Saber que no estás solo en este mundo te da unas energías maravillosas. A esos pocos amigos y amigas, de acuerdos y coincidencias, gracias de verdad.

Pero también me arrebatan deseos de escribir cuando me abruman algunas cosas, indignas y perversas, que suceden a diario en nuestra ciudad. En esos momentos me pongo al teclado y realmente saco el bofe. Es como una terapia personal. Terminado el texto me olvido, por un tiempo, de esos temas. Es que de verdad son horribles y tenaces: el tráfico, la polución, los radiotaxis, los bloqueos, Rocha, las marchas o el teleférico. Escribir sobre ellos es un envidiable medio de sanación que, gracias a La Razón, puedo permitirme quincenalmente.

Por otro lado, es difícil tener una columna y mantener tu objetivo: generar ideas creativas sobre la ciudad y sin tinte político. En un medio donde la politización de nuestra prensa no deja nada sin hilachas es un verdadero desafío. Casi todos los lectores quieren leer columnas sobre la ciudad que sean diatribas o injurias contra este o aquel bando, y reclaman su ración quincenal de “dulces palabras para sus politizados oídos”. Si no las escribes, te reclaman por tu poca vehemencia y valentía. Qué absurdo.

Y, por último, es difícil escribir sobre esta ciudad cuando algunos solo quieren que seas un simple buzón de quejas. Y paciente los escuchas quejarse: por qué no escribes contra ese edificio, por qué no escribes sobre esa avenida, por qué no escribes contra ese fulano... etc. Qué aburrimiento.

Para que quede claro diré que escribo sobre tópicos que se me ocurren libremente sin que me importe cuál es “el tema” en la agenda mediática. Así lo hice y así lo haré. Me asiste la experiencia, sublime y feliz, de haber vivido, investigado, observado, paseado, estudiado, fotografiado, dibujado, amado y odiado con intensidad esta ciudad desde hace más de medio siglo.

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