Columnistas

Movimiento exploratorio

Un movimiento exploratorio resultaría de mucha utilidad para la evolución de las plazas.

La Razón (Edición Impresa)

00:09 / 23 de noviembre de 2017

Desde su origen, el espacio público (plazas) fue el más importante de las ciudades, como ya lo dijimos antes. Empero, si bien fue evolucionando en formas y dimensiones, ha ido perdiendo toda vigencia de socialización. Con todo, hoy muchos conservan su valor simbólico.

En los últimos años esos espacios públicos muestran la necesidad de ser explorados en cuanto a su función, ya que así se rescatarían nuevos aportes para reencantar al habitante. Esto también sería útil para dirigir una mirada y una solución a la dispersión actual. Lamentablemente hoy esos territorios se están convirtiendo en lugares de perdición, donde la juventud se esconde para beber, y el vendedor de droga las bordea. A pesar de ello, es evidente que en esta urbe, como en otras, existen plazas que con ciertas excentricidades que allí suceden logran atraer al ciudadano.

De ahí que parece ineludible no solo hacerlas resurgir, sino sobre todo cuidar su valor como parte de la vida del ciudadano, y que los cambios sean resultado de movimientos exploratorios de su socialización y desocialización. De esta manera se lograría que aquellos lugares virtuosos del ayer y de significado de las urbes renazcan al calor de nuevas innovaciones.

Desde una mirada más pesimista, no falta quienes afirman que hoy las plazas han muerto, lo que no deja de tener algo de cierto por los muchos ejemplos negativos que se conocen día a día. Sin embargo, eso también debiera llevar a preguntarnos si ¿no será necesario explorar su necesidad de interacción?

Desgraciadamente, algunas plazas de La Paz, como posiblemente ocurre en otras ciudades, se han tornado en sitios peligrosos, al extremo de que causa temor atravesarlas. Esto sin olvidar a otras que se han transformado en mercados. Un ejemplo de ello es la Plaza del Bicentenario, donde al parecer deambulan vendedores de droga en pleno día. A ese problema se suma la suciedad que allí cunde y, lo peor, el material del piso que parece no apto para el alto tráfico, pues al estar roto o quebrado representa un riesgo para las centenares de personas que transitan diariamente por aquel lugar y que están expuestas a tropezar y caer.

Sobresale así que la creación de un movimiento exploratorio resultaría de mucha utilidad para la evolución de las plazas. Todo pensando en que el ciudadano es un ser de locomoción al que las experiencias logran brindarle riqueza en su vida como habitante urbano. También se debe tener presente que allí el “huésped invisible” desde siempre ha mantenido la obsesión de permanecer en el anonimato y explorar aquello que puede convertirse en un recurso para producir nuevas propuestas. Por otra parte, es indiscutible que toda innovación genera una respuesta positiva o negativa. Un claro ejemplo de ello es lo que sucede con la plaza Villarroel, que si bien sepultó a la otrora silenciosa Plaza de las Memorias, hoy cuenta con una cantidad impresionante de visitantes los fines de semana, quizá por la novedad.

De todo lo anterior se concluye que resulta necesario instaurar un movimiento exploratorio que investigue los nuevos anhelos de la población en cuanto a esparcimiento, lo que significa repensar las plazas. Si una plaza con una estación de teleférico y un barandado elevado (que permite ser un mirador) ha logrado un éxito indiscutible, será preciso explorar sus registros y adoptar sus funciones para hacer revivir otras plazas. No se debe olvidar que para el paceño las plazas aún son el lugar de encuentro social y político, y esa es la principal motivación para que sean reinventadas.

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