Columnistas

Mujeres en las listas

Los partidos han descubierto la posibilidad de su propia renovación en los liderazgos femeninos.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

00:00 / 21 de julio de 2014

Es indudable, si hay algo novedoso en esta elección es la cantidad de mujeres que ingresan a la política con la aplicación del principio de paridad y alternancia en las listas electorales. De un total de 1.476 candidaturas, 753 son mujeres que están dispuestas a competir por un puesto en la Asamblea Legislativa. Por primera vez en nuestra historia, tres de cinco fuerzas políticas han postulado mujeres a la vicepresidencia. En los próximos meses, si la apertura democrática lo permite, tendremos a Adriana Gil (MSM), Tomasa Yarhui (PDC) y Margot Soria (PVB) disputando ideas con Álvaro García Linera (MAS) y Ernesto Suárez (UD).

Otro hecho histórico es la postulación de mujeres en las circunscripciones especiales indígenas. De 21 candidaturas en total, nueve son mujeres. En el Beni, por ejemplo, Ramona Moye (MAS), Mirian Yubanure (UD) y Ángela Noza (PVB) competirán en la circunscripción especial 6 y, en Cochabamba, La Paz y Santa Cruz también tendremos candidatas indígenas. Por otra parte, 56% de las candidaturas supranacionales, elegibles por primera vez, son mujeres. A esto debemos sumar el gran avance en la titularidad de mujeres como uninominales. De 293 candidaturas, 153 son mujeres. Por visibilizar un ejemplo, observen la circunscripción 32 de Oruro, donde competirán Delia Canaviri (MAS), Yohovana Cruz (MSM), Paola Villca (UD) y Felicia Soto (PDC) haciendo esta disputa exclusiva de mujeres.

Y es que los partidos han descubierto la posibilidad de su propia renovación en los liderazgos femeninos y, sin mucho esfuerzo, han podido visibilizar excelentes candidaturas ya no exclusivamente en la Confederación Nacional de Mujeres Bartolina Sisa, sino también en las comunidades interculturales, entre las productoras agroecológicas, las empresarias, las afrobolivianas, las indígenas de Conamaq, de Cidob, de Cnamib, del CPIB, en las trabajadoras por cuenta propia, las diversas asociaciones de profesionales, las caficultoras, las trabajadoras asalariadas del hogar, las cooperativistas mineras, las numerosas productoras de quinua; en el CIOEC, la CPESC, la Oich, la Organización de Mujeres Juana Azurduy de Padilla y las productoras de coca del Trópico de Cochabamba, entre otros cientos de organizaciones de mujeres que hasta hace poco eran invisibles a los ojos de los políticos. Y basta un recorrido por las listas presentadas por todos los partidos para reconocer a viejas y jóvenes sindicalistas, luchadoras, líderes barriales, oficialistas y opositoras de viejas y nuevas propuestas políticas. Es de esperar que estas mujeres traigan consigo nuevas agendas de lucha por mucho tiempo invisibles para el sistema político tradicional.    

Solo esta visibilidad hace irreversible el camino recorrido. Y es que esta presencia masiva de mujeres cambia por completo el horizonte de lo posible para miles de mujeres que antes sentía limitado su desempeño tan solo a lo privado, al hogar, al cuidado de la familia. Será muy difícil que estos cientos de mujeres que viven de manera acelerada su ingreso a la política vuelvan al ámbito privado sin negociar un nuevo rol en su vida cotidiana. Y será aún más difícil que sus hijas (que seguramente las acompañan en las asambleas, marchas y proclamas) no sueñen con ocupar un puesto en lo público: tal vez ser alcaldesas, diputadas... y, en un futuro no muy lejano, presidentas del Estado Plurinacional. Para todos los que siguen argumentando que un mayor número de mujeres en la Asamblea Legislativa no hace la diferencia en la vida cotidiana del conjunto de las mujeres, aguarden un momento y podrán observar cambios incluso en sus propias casas.     

 

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