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Mujeres en venta

Las pocas chicas que pudieron escapar dieron cuenta del sufrimiento al que se las somete

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

01:47 / 24 de mayo de 2014

Cuando en 1973 visité por vez primera Nigeria, salí precipitadamente de Lagos, entonces su capital, impresionado por las alcantarillas abiertas en calles y avenidas donde flotaba la inmundicia de los desechos humanos. Sin embargo, barcos cargueros se aglomeraban en el puerto, repletos de mercaderías adquiridas con la copiosa renta hidrocarburífera. Recorrí buena parte de territorio hausa, hasta arribar primero a Kaduna y luego a Kano, que entonces no llegaba a contar con 300.000 habitantes. Es la parte norte del país, cuya gente, mayormente musulmana, era pobre y atrasada. Casi del mismo tamaño que Venezuela, la federación nigeriana encierra una población de 174 millones, la mitad seguidores del Islam en el norte y yorubas y otros cristianos en el sur. La riqueza petrolera y gasífera no ha logrado reducir la pobreza extrema del 46% de los nigerianos, a pesar de que su crecimiento alcanzará este año al 8% .

En ese marco geográfico y cultural, en 2002 se fundó en Borno la secta armada extremista denominada Boko Haram, que quiere decir “La educación occidental es pecado”, con el objetivo mediato de establecer un Estado autónomo islámico donde impere como ley fundamental la sharia, con las exigencias coránicas para la vida cotidiana de sus estantes y habitantes. Su fundador fue Ustaz Mohammed, muerto tiempo después en combate, y reemplazado por su actual líder Abubakar Shekau (40), quien encabezó unos cinco atentados perpetrados en los últimos años, que ya han causado la muerte de 741 personas.

Hasta hace poco, el Gobierno central consideró ese brote guerrillero como un fenómeno regional, confinado al rincón norteño de Maiduguripero. No obstante, el secuestro de 276 muchachas que estudiaban en el liceo de Chibok, el 14 de abril, cambió súbitamente el tratamiento menospreciativo respecto a Boko Haram, porque el impacto causado por la edad y cantidad de las víctimas dio la vuelta al mundo y conmovió a los gobernantes del planeta entero. Es más, la arenga prepotente y cínica de Abubakar Shekau, amenazando con vender a las alumnas capturadas como esclavas o casarlas a la fuerza, indignó universalmente a la opinión pública. Aquellas pocas chicas que pudieron escapar (53) dieron cuenta del sufrimiento al que se las somete, privaciones sin par y violaciones constantes de la soldadesca. Rememorando mi viaje de antaño por esa misma zona, viene a mi recuerdo la imagen de aquellas niñas hausas menores de ocho años, con los labios pintados al rojo vivo, los ojos circundados por carmín y vestidas como muñecas, ofertadas por sus propios padres como esposas de mercaderes o de pervertidos. Ese periodo que se supera paulatinamente a través de la educación y de la concientización de la condición femenina es ahora, con el atentado que comentamos, un retroceso hacia el obscurantismo del Medioevo y llama a la acción más enérgica de la comunidad internacional. La conferencia convocada por Francia el 17 de mayo, en París, para tratar el tema congregó al presidente nigeriano Goodluck Jonathan y a sus homólogos de los países vecinos Benín, Chad, Camerún y Níger, para concertar una estrategia que libere a las secuestradas, con ayuda externa que comprende incluso el uso de drones.

No obstante, cualquier acción imprudente podría comprometer la vida de las cautivas. El dilema es acceder a la demanda del comandante bárbaro que exige la liberación de sus compinches detenidos o militarizar la zona con los riesgos consiguientes. Entretanto, los angustiados padres de las niñas hacen vigilia, esperando lo mejor, sin dejar de estar preparados para lo peor.

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