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Resaca del Mundial

En Rusia 2018 ocurrieron, con una frecuencia inaudita, errores y jugadas accidentales que terminaron en gol.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga *

00:00 / 22 de julio de 2018

Fue Dante Panzeri quien nos enseñó que un partido de fútbol debe evaluarse, en el transcurso de su desarrollo, realizando cortes imaginarios cada 15 minutos, porque (casualmente, pero de manera notable) en ese tiempo se modifica la relación de fuerzas entre los equipos que están en la cancha. El dominador pierde su supremacía y el rival toma la iniciativa. Y así sucesiva y alternadamente.

No es que eso ocurra de manera mecánica, obvio, sino que se trata de un método de lectura e interpretación para entender y explicar(se) un partido de fútbol, pero cuya pertinencia y riqueza depende de la lucidez del espectador (o relator deportivo, aunque de esos personajes no me ocupo en estas líneas). Es decir, a partir ese criterio hay que estar atento a la “dinámica de lo impensado”, ese preciso y precioso término que utiliza Horacio Pagani, estupendo comentarista, para ilustrar —y explicar— la magia del balompié.

Sin embargo, en Rusia 2018 ocurrió, con una frecuencia inaudita, algo que no es común en un campeonato corto: errores y jugadas accidentales que terminaron, para tristeza o alegría, en gol. Más que dar vueltas en torno al VAR y sus efectos en la penalización (uso adrede esta palabra para resaltar la cantidad de penales sancionados), habría que pensar en el festín de bloppers que desplazarán a las grandes jugadas a la hora de los recuentos. Con todo, de los curiosos incidentes me quedo con la aturdida mirada de Neyer, el golero alemán, siguiendo la ruta aérea del balón después de que un jugador surcoreano se lo arrebató en una gambeta antes de lanzarlo como un misil norcoreano al área enemiga, donde un veloz delantero culminó la tarea para sentenciar la eliminación de un favorito de siempre.

Luego de esta pausa regresamos a la idea de los cortes cronológicos que ayudan a entender los cambios, si los hay, en la disposición y desplazamiento de los jugadores en la cancha, el uso del balón y del espacio (en plural) bajo la esplendorosa noción de vacío.

Un “pase al vacío” es la perfecta figura que da cuenta de la combinación entre la habilidad técnica e imaginación del ejecutor del pase y la inteligencia, ritmo y astucia de su(s) compañero(s). ¿Un par de ejemplos? Juan Fernando Quintero, uno de los volantes zurdos de Colombia. ¿Otro? James Rodríguez, pues. Y Cuadrado recibiendo, y centrando, y disparando al arco.

No es casual que se trate de un equipo que cuando tuvo dos mediocampistas zurdos fue imparable y exquisito. Y que el gesto del DT Peckerman llamando a uno de esos jugadores al costado del terreno para decirle, en pleno partido, que es un crack, fue quizás el mejor homenaje al buen fútbol. Ese que aprendimos a gozar “de la mano del Diez”, de la zurda de Diego Armando Maradona, quien hizo los análisis más someros y certeros acerca de los partidos, a diferencia de otros micrófonos y pantallas rebalsados por la verborrea.

En Rusia 2018 se impuso el estilo de siempre, el fútbol de antaño, los equipos de 11 (aunque gracias a la magia de otro zurdo, el ruso Cheryshev, debemos rescatar la importancia de la banca; y de lo imprevisto, porque fue la lesión de un compañero la que permitió su ingreso a la cancha para reventar las redes con un tremendo golazo en la sesión inaugural), aquellos con arqueros que atajan e inician un contraataque, zagueros en la zaga y solo trepan cuando es preciso, laterales que no mueren en la raya; en fin, mediocampistas con la pelota en la media cancha y delanteros en al área con olfato de red. Y ahí aparecen las figuras de Courtois, Ochoa, Parisic, Godín, Pavard, Hazzard, Modric, Griezmann, Quinteros, Cavani, Lukaku. Y también Guiraud… pero como líbero.  

* es sociólogo. Blog: pioresnada.wordpress. com; Twitter: ferXmayorga

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