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La Razón (Edición Impresa) / Santiago Roncagliolo

00:00 / 27 de diciembre de 2015

Existe una Barbie de carne y hueso. Se llama Valeria Lukyanova, es ucraniana y ha rediseñado su cuerpo a imagen y semejanza de la famosa muñeca de Mattel.

Cirugía de busto, lentes de contacto gigantes, un poco de photoshop en la cintura... Abandonar el aspecto humano requiere mucho esfuerzo, pero es posible.

Lukyanova no es la única. Ni siquiera la más empeñosa. Los franceses Anastasia Reskoss y Quentin Dehar sueñan con convertirse en clones de Barbie y Ken.

Llevan gastados 272.000 euros ($us 295.000) en cirugías plásticas para verse cada día más artificiales. Y no piensan parar. Según ha declarado Anastasia, plena de ilusión: “Queremos pasar el resto de nuestras vidas transformándonos en los muñecos que amamos”.

Lo curioso es que la verdadera Barbie está haciendo justo lo contrario: hace cinco décadas su anatomía era más anoréxica. En los 90, diversos estudios científicos probaron que, de cobrar vida, Barbie no habría podido caminar ni menstruar. Ante las críticas, en los últimos años, los fabricantes le han ido proporcionando medidas más verosímiles y una barriguita casi humana.

Barbie también se ha comprometido en la defensa de la libertad de la mujer. En 2004, anunció oficialmente su separación de Ken. Mattel lanzó una Barbie divorciada, con biquini y un bronceado sexy para volver a ligar. En lo político, la muñeca se ha enfrentado a muchos gobiernos islámicos por su modelo de mujer emancipada. Quién sabe y un día llegue la Barbie lesbiana. Poco a poco, nuestra muñeca se convierte en una mujer real, con celulitis y contrato temporal. Pero ya puede consolarse comprando en la juguetería algún humano de plástico.

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