Columnistas

Murciélagos

No podemos pretender que una ley contra el alcohol rompa con el ejemplo cotidiano de las familias.

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:21 / 15 de septiembre de 2016

Asisten a todos los conciertos de música popular o folklórica, gritan cuando tocan su pieza favorita, no sienten frío, ni se espantan con la lluvia, no buscan el mejor lugar para ver el espectáculo, cualquier espacio en las puertas laterales de los coliseos es bueno siempre y cuando estén cerca de la vendedora de esas sospechosas bebidas alcohólicas mezcladas con alguna gaseosa. La mayoría son muy jóvenes. Al final del concierto continúan de fiesta, pero echados en el pedazo de pasto o acera del que se han apropiado. Suelen ser muchos y se acurrucan de tal manera que en la oscuridad es difícil distinguirlos, por eso los llaman “murciélagos”. No hay ley contra el consumo de bebidas alcohólicas que les valga, ni ordenanza municipal que consideren para no beber en vías públicas. Demasiada gente, muchas autoridades entre ellos, sabe de su existencia, pero siempre es más fácil voltear la cabeza y mirar sin ver; total, son murciélagos, ¿a quién les gusta estos ratones con alas? ¿Quién va a hacerse cargo de ellos?

La Ley 259 de Control al Expendio y Consumo de Bebidas Alcohólicas, de julio de 2012, prevé en su artículo 8 sobre publicidad el “No incitar o inducir al consumo de bebidas alcohólicas, sugiriendo que su consumo promueva el éxito intelectual, social, deportivo o sexual”. Asimismo restringe la emisión de publicidad de bebidas alcohólicas al horario de 06.00 a 21.00 horas. Esta norma es inconsistente ante la incitación e inducción que reciben los niños, adolescentes y jóvenes las 24 horas y los 365 días del año en los que ven a sus padres, hermanos, primos, tíos y abuelos beber sin cortapisa, sea la ocasión que sea. Si la familia es el primer lugar de educación y en ella la bebida es imprescindible, no podemos pretender que una norma rompa con el ejemplo cotidiano de las personas que se constituyen en los modelos a imitar.

En los colegios y universidades con qué autoridad moral se podrá castigar que los alumnos y estudiantes beban si para inaugurar el nuevo salón de computación se tomaron docenas de cerveza, si el campeonato de fútbol de los maestros termina en una farra descomunal, o si en la Entrada Universitaria se confunden en un mismo brindis docentes y alumnos sin ninguna diferencia.

Los “murciélagos” son el producto de estas actitudes diarias, de estas infelices costumbres. Apelo a fijarnos en lo que hacemos dentro de casa, dentro de las aulas; a dejar de creer que el problema desaparece si nos hacemos de la vista gorda; a dejar de pensar que hay temas políticos que son más importantes que los grupos de adolescentes y jóvenes que beben sin distinción de género, que caminan a tropezones o se arrastran por las paredes y se sientan en las puertas de calle mientras se les pasa la borrachera y con ella, la vida.

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