Columnistas

¿Museos de naturaleza?

Con educación, los museos de naturaleza contribuyen a la protección del medio ambiente

La Razón / Patricia Vargas

00:17 / 10 de enero de 2013

Dos puntos a tomar en cuenta relacionados con este artículo son: por una parte, el anuncio por prensa que efectuó hace pocos días el Viceministro de Culturas y sus planes de construir nuevas infraestructuras culturales en el país. Y por otra, la permanente valoración de la Madre Tierra por parte del Estado boliviano, que debiera ser honrada, por ejemplo, con la construcción de museos de naturaleza en el país.

En la actualidad, en el planeta existe un número importante de museos naturales. Desde los más espectaculares hasta los más curiosos y pequeños, los cuales tienen la tarea de enseñar de forma didáctica el nacimiento y la evolución de la vida en la Tierra. Sin embargo, no se debe olvidar que todos en conjunto (independientemente de sus especialidades) trabajan por la naturaleza en general y la protección del medio ambiente. ¿Y quiénes son los visitantes más asiduos de esos museos? Los niños y los escolares.

Los denominados explora proyectos han ido afirmando que toda urbe debiera contar con varios museos naturales. Entre ellos los tradicionales, como son los museos de gemas y minerales, los especializados en objetos biológicos y los paleontológicos. Éstos en su mayoría dedican sus esfuerzos a la investigación y educación, logrando así formar parte indiscutible de la cultura de sus ciudades. En el caso de los museos más pequeños, según escritos, éstos son los más visitados respecto a aquellos de mayor formalidad.

El museo de Historia Natural de Cota Cota posiblemente es el único en su campo en la ciudad de La Paz. Su ubicación, alejada del centro urbano, no colabora para que sea más visitado y quizás reconocido. También esta urbe cuenta con el Jardín Botánico, que si bien es un recinto de paz, debiera ser más aprovechado en su función urbana.

Cabe remarcar que actualmente, en varias ciudades, esos lugares —o por lo menos algunos similares— se han ido transformando en museos de naturaleza, especializados en botánica, donde independientemente de sus jardines se ha construido pequeñas sedes útiles para las exposiciones interactivas de especies naturales y una biblioteca bien equipada. Con ello, ha sido posible una continua y renovada presentación de muestras, que han fortalecido la investigación de la riqueza natural de sus ciudades. Esto referido tanto a la diversidad de flores, por ejemplo de especies nativas, como de otras plantas y árboles. Así, las destacadas colecciones de botánica in situ y las expuestas en lugares cerrados son hoy una atracción para la población visitante, pero también para la urbe por su valor como espacio público en constante sorpresa.

La extensión de conocimiento sobre la naturaleza y el medio ambiente, ha comenzado a cobrar un valor singular en la educación y la toma de conciencia de su importancia en la vida de toda sociedad. Conciencia que hoy se observa en una buena parte de la niñez, por ejemplo, en La Paz, que defiende su cuidado y conservación. Hecho que alienta la esperanza de que, en algún momento, el hábito de cortar un árbol y cementar ese  terreno quede sólo en el recuerdo.

Parecería que son suficientes motivos para incentivar a que los museos de naturaleza ingresen en los nuevos programas culturales o municipales de esta ciudad.

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