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Música callejera

En La Paz, la música urbana es una forma de sobrevivencia, una manera de obtener algunas monedas

La Razón / Patricia Vargas

00:08 / 03 de mayo de 2012

La palabra es el instrumento comunicacional más importante; empero, hay quienes afirman que no existe mejor comunicación que la del espacio intangible de la música. Su práctica en la calle ha estado dirigida —desde la Edad Media— a animar a la población, con lo que posiblemente se inició el rompimiento del silencio en las ciudades. En La Paz, la música urbana es otra forma de sobrevivencia. Quienes la ejecutan generalmente salen a las calles para obtener algunas monedas útiles para su vivir diario.

Muchos de ellos se hacen músicos por necesidad económica, lo que los motiva a aprender —de forma básica— a tocar un instrumento, especialmente nativo, como la quena o la zampoña. Sin embargo, no faltan los más creativos que logran extraer sonidos a un grupo de instrumentos gracias a la habilidad en sus manos y sus pies. En muchos casos, son agradables al oído, pero en otros, fracasan en el intento.

Hoy también existen los comerciantes  de  música, quienes hábilmente preparan sus anaqueles móviles para exponer un sinfín de CD de ritmos populares,  nacionales e internacionales, para la venta, y que son escuchados por los posibles compradores gracias a pequeños equipos electrónicos que consiguen llamar la atención. Este estilo, sin duda, rememora a los organillos callejeros de inicios del siglo XX, por ejemplo en España. 

En algunos países, la música callejera tiene carácter legal, y existen leyes sobre las condiciones temporales y espaciales para su práctica. Ello no niega, sin embargo, que haya gente poco tolerante que estigmatiza a esos artistas como seres marginados, porque considera que esa expresión musical incrementa la resonancia de la urbe. En cambio, otros los reciben y escuchan con simpatía, premiándolos incluso con monedas. Así, las más de las veces se los encuentra en distintos lugares en una misma mañana.

Otra particularidad es que estos caminantes llevan su música especialmente a sitios concurridos. Por ejemplo, en La Paz en la calle Comercio —en sus  esquinas—,  cerca del Palacio de Gobierno. Los sitios más apreciados por ellos son las vías peatonales o las proximidades de los centros comerciales. Posiblemente su cálculo se basa en que en ciertas áreas es difícil que un pobre le regale a otro pobre, por lo que se acercan a lugares donde supuestamente encontrarán mayor aceptación y aprecio a su esfuerzo.

No cabe duda que lo urbano, y por tanto la ciudad, según expertos, deben ser entendidos como espacios imaginados en los que se expresan distintas culturas con diversas formas de manifestación. En ciertas calles —especialmente del centro paceño— salen de algunos rincones melodías no siempre afinadas, las cuales logran, empero, sensaciones en los transeúntes, que más que analistas, son hechos que forman parte de las esencialidades ocultas que tiene una ciudad.

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