Columnistas

Nacer mujer

‘Una de las mayores vilezas es pegar a una mujer, materializar (...) ese intolerable miedo’ (J. Marías)

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

00:28 / 18 de noviembre de 2014

Para el presente artículo he tenido la osadía de parafrasear el título del memorable poema Nacer hombre, en el que la entrañable Adela Zamudio da cuenta de cómo el machismo fue expandiéndose por todos los rincones de la sociedad.

Hoy, un siglo después de haber sido publicado aquel poema, la vulnerabilidad de las mujeres es incluso mayor, y las probabilidades de morir por cuestiones de género también son mayores, pese a que se ha avanzado en el respeto de los derechos ciudadanos de las mujeres. Unas mueren por abortos clandestinos mal practicados (pues en Bolivia no está legalizada esta práctica), otras por actos feminicidas que han aumentado peligrosamente, y muchas otras pierden la vida a diario, de manera más silenciosa, a raíz del cáncer de mama y del cáncer uterino. 

El número de mujeres que mueren en Bolivia por causas no naturales, independientemente de cualquier consideración ideológica al respecto (ora cuestiones asociadas a la salud pública, ora por patrones culturales articulados al machismo, que al parecer expresa su peor faz ante la depauperación actual de los lazos sociales) es un hecho incontrastable, es un dato que preocupa y, aún peor, espanta.

Cada día mueren dos mujeres por causa del cáncer de mama. Una cifra intolerable e indicativa para sospechar que la salud de ese sector de la población ha quedado relegada a un lugar secundario en las preocupaciones de las autoridades, al no encarar políticas públicas eficientes y tampoco cruzadas de sensibilización, que brinden la información correspondiente para hacer una estrategia de prevención adecuada. Situación que hoy se erige como una asignatura pendiente para el Estado boliviano. Asimismo, los hechos de feminicidio han aumentado de manera pavorosa. El caso cochabambino se reporta como el más significativo: cada mes una persona es asesinada por el hecho de ser mujer. Estos datos son tan horripilantes que el municipio Cercado se ha declarado en alerta.

Aunque esta forma de violencia contra las mujeres no es novedosa, es evidente que en la actualidad la presencia de los mass medias hizo posible su mayor visibilización, ayudando a incluir este tema en la agenda de las preocupaciones recurrentes de la sociedad, paradójicamente por el mismo tratamiento sensacionalista que le otorgan a las noticias.

El asesinato de mujeres, muchas veces articulados a la violencia sexual, al alcoholismo u otros fenómenos, devela descarnadamente que, como sociedad, aún no hemos logrado superar el patrón cultural signado por el machismo. Esta es una problemática, el patriarcado, que se debería reflexionar seriamente; incluso desde la institucionalidad estatal plurinacional, que si bien reconoce la vigencia de los derechos de las mujeres, no deja de vulnerarlos. Asimismo muchos hombres de corte machista, a sabiendas de la fragilidad física de las mujeres, ejercen cobardemente su poder, instalando un miedo sobre ellas. Javier Marías diría: “Una de las mayores vilezas es pegar a una mujer, materializar y confirmar ese intolerable miedo...”.

Por último, las estadísticas sobre los abortos clandestinos en Bolivia son espeluznantes: una mujer muere cada día por dicha práctica. A pesar de ello, no hay una voluntad desde el Estado para encarar esta problemática develando una mentalidad conservadora, que desnuda la ausencia de una visión crítica sobre las implicancias de esta problemática. Es decir, hay una insensibilidad que no permite entrever este estrago social, cuando ante esta problemática específica cerrar los ojos es una soez cobardía. Por lo tanto, ¡que jodido, aún es nacer mujer en Bolivia!

 

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