Columnistas

Nacionalización y resarcimiento

La Razón / José Gramunt de Moragas

00:27 / 02 de enero de 2013

Al iniciar un nuevo año se arriesgan pronósticos dependientes del azar, y propósitos que nos proponemos cumplir. Los pronósticos son meras especulaciones, más o menos fundamentadas en hechos reales o posibles. Pero, en última instancia, pueden ocurrir o no. El pronóstico de que el 21 de diciembre se acababa el mundo, resultó una superchería.

Como la ruleta: se apuesta al rojo o al negro, pero no es seguro que la bolita de marfil se detenga en el número de la suerte. Los propósitos son decisiones de nuestra libre voluntad. Pero no siempre se cumplen… Incluso la sabiduría popular estampó el refrán de que “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Estas consideraciones sobre los buenos propósitos en el plano personal, se contradicen con la actual política del gobierno masista.

Trataré de explicarlo en pocas palabras. El Sr. Presidente viajó a España con el propósito de asegurar la continuidad de la cooperación hispana, e incluso consiguió que el Presidente de aquel gobierno comprometiera su cooperación económica, técnica y cultural a Bolivia y, muy en particular, en apoyar la legalización del acullico. Don Evo volvió triunfante de sus extraordinarias habilidades diplomáticas. Pero, a la primera oportunidad, se dio la vuelta y nacionalizó cuatro empresas eléctricas españolas. (El refranero también dice que este cambio de actitud es morder la mano de quien te da de comer).

¿Cómo se interpreta esta vuelta de la tortilla? Ante todo para dar carnada a la oposición que lleva dos semanas molestando al Gobierno por el escándalo de las extorsiones practicadas por funcionarios gubernamentales de segundo nivel. Y porque sería muy grave que las salpicaduras llegaran a niveles superiores, tales como los ministros de la Presidencia, de Gobierno y de Transparencia y Lucha Contra la Corrupción que, por cierto, ya están tocados por la metralla de la opinión pública.

En segundo lugar, Don Evo espera que la machada de haber nacionalizado, incautado o expropiado esas empresas españolas, le rinda pingües frutos electorales, pensando en los comicios de 2014 a los que se propone concurrir con soltura y garbo.

Ahora bien, de acuerdo con la vera doctrina jurídica, los daños y perjuicios causados por la nacionalización de una empresa ajena obligan a una condigna indemnización o resarcimiento. Cabe preguntarse si el Gobierno nuevo-rico masista tiene el propósito serio, la voluntad eficaz, de resarcir los daños causados por la nacionalización de las cuatro empresas incautadas. O, por el contrario confía en que nunca saldará esa deuda.

Pero, cuando menos se esperaba, salta a la palestra el Gobierno autónomo del País Vasco que reclama al Gobierno boliviano el resarcimiento debido, alegando que la mayoría del capital de los negocios expropiados pertenece a inversionistas vascos. He aquí una nueva figura del derecho mercantil internacional, que un Gobierno nacional soberano pelee con un gobierno autónomo regional de otro país. El asunto va a dar mucho de qué hablar.

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