Columnistas

Esta Natividad en Cuba

Con estas anunciadas medidas, ambas administraciones logran importantes beneficios

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:47 / 23 de diciembre de 2014

En Cuba, cada 17 de diciembre miles de peregrinos celebran una devoción popular religiosa en vínculo triádico: San Lázaro de Betania, resucitado amigo y discípulo de Jesús; el leproso Lázaro, mendigo del Nuevo Testamento (Lucas, 16; 19-31); y el orisha lucumí Babalú Ayé, tríada sincrética venerada por sufrir enfermedad con fe, resurrección, misericordia, arrepentimiento y ser sanador. También ese día, el hijo de emigrantes pobres Jorge Mario Bergoglio Sívori, 266° Papa católico, conmemora su cumpleaños. Y este 17, al mediodía, en Washington y La Habana, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro Ruz transformaban la geopolítica regional al anunciar, en simultáneo, el propósito de reanudar relaciones entre sus países y la liberación de presos: Alan Gross y Rolando Sarraff Trujillo en Cuba, y en EEUU los tres últimos del Grupo de los Cinco.

Así, Estados Unidos y Cuba iniciaban el desmoronamiento del penúltimo muro de la Guerra Fría (el último aún en Corea) tras 53 años sin relaciones y 54 con embargo comercial, económico y financiero contra la isla, el más largo en la historia contemporánea mundial, iniciado a fines de 1960 cuando el presidente Dwight Eisenhower impuso el embargo parcial (profundizado por su sucesor John F. Kennedy en 1962) y rompió relaciones a inicios del año siguiente, bloqueo hoy repudiado internacionalmente, ineficaz y contraproducente contra el Gobierno cubano.

Con estas anunciadas medidas (junto a otras financieras, económicas y sociales, incluido el fin del embargo, que depende del Congreso estadounidense), ambas administraciones logran importantes beneficios.

Para Estados Unidos, en lo interno (con las nuevas medidas migratorias) mantiene en jaque a un nuevo Congreso republicano que buscará anular sus acciones sociales —incluido el Obamacare—, refuerza al próximo candidato presidencial demócrata con los votos del Midwest agrícola (generalmente republicanos, pero ahora beneficiados con el comercio con Cuba), y previene un posible éxodo masivo de cubanos si se desestabilizaba la situación económica de ese país. En lo externo, elimina el estigma del embargo como elemento de conflicto en sus relaciones con Latinoamérica.

Para Cuba, le soluciona la imperiosa necesidad de lograr la supervivencia de su gobierno tras la crisis venezolana (hasta ahora su fundamental soporte) y la imposibilidad de sustituirlo por Rusia (también en crisis), China (no interesado) o Brasil, complicado en sus propios graves problemas.

La intermediación fructífera del Vaticano —iniciada con Benedicto XVI y promovida por su sucesor— y el apoyo de Canadá dieron estos resultados en vísperas de la Navidad —y de Hanukkah— bajo los símbolos de la resurrección y la sanación de las heridas, agradeciendo al papa Francisco en su aniversario. No será una conclusión —imposible aún— pero, con mezcla de alegrías, tristezas y esperanzas, es un paso trascendental hacia ello. A todos ustedes, mis amigos lectores, mis mejores deseos de una hermosa Natividad y un 2015 muy feraz. 

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