Columnistas

La Navidad y el cristianismo

El cristianismo, que propugnaba el amor de Dios, respondió a las aspiraciones del alma humana

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

00:32 / 04 de diciembre de 2013

En este mes en el que se celebra un nuevo aniversario de la Navidad de nuestro señor Jesucristo, sería muy pertinente recordar cómo surgió y se expandió la religión cristiana en el mundo; religión que es profesada por la inmensa mayoría de los bolivianos y americanos.

Las primeras referencias procedentes de los primitivos cristianos fueron transmitidas por vía oral, y sólo cuando se necesitó precisar algún punto del “Nuevo testamento” (el nuevo pacto con Dios) se usó el idioma griego en su forma más sencilla, pero una sencillez incrementada por un estilo concreto, lleno de imágenes realistas de la vida y pasión de Jesús, de lenguaje tan simple que podía ser entendido por todos. Con el tiempo, este “libro popular” se convirtió en el “Libro” de todos los pueblos, ya que de ningún otro en el mundo se ha editado tantos ejemplares ni se ha traducido a tantos idiomas.

Después de Cristo se debe destacar a otra figura extraordinaria como lo fue Saulo, el cual tomó el nombre de Pablo, y quien fuera el principal propagador del cristianismo en el mundo y gestor de la ruptura con la antigua ley mosaica. Para Pablo, “el justo se salva por la fe”, y por tanto, el cumplimiento de la ley antigua  no era fundamental. En consecuencia, no se debía exigir la circuncisión a los feligreses pertenecientes al mundo de los gentiles. Esto dio lugar a que los judíos ortodoxos, que consideraban esta ceremonia como base del pacto de Dios con los hombres, rechazaran definitivamente toda relación con Jesús y su doctrina.

Desde entonces, el cristianismo se convirtió en una religión autónoma y, con el tiempo, hasta antagónica a la judía, lo cual produjo una histórica aversión entre ellas que duró hasta el siglo pasado. Y fue la labor de los últimos papas, sobre todo de Juan Pablo II, lo que determinó que la religión judía y la cristiana se reconciliaran.

Corresponde, por último, hacer referencia a la rápida propagación del cristianismo por todo el mundo romano. Aparte de la organización centralista del imperio, que permitía circular libremente por todo su extenso territorio, la principal causa fue que sus súbditos esperaban de la religión algo más que las ceremonias de un culto oficial en que no creían ni siquiera los que lo celebraban. Y el cristianismo respondió precisamente a las aspiraciones del alma humana, porque propugnaba la igualdad de los hombres ante Dios, la solidaridad entre ellos, el perdón de los pecados, y la promesa de una felicidad eterna siguiendo una doctrina sencilla y maravillosa, condensada en un solo mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Se podría decir que los primitivos cristianos tenían conciencia de que mientras el mundo romano daba el espectáculo de vicios degradantes, se había operado en el Calvario la redención del género humano.  Jesús había anunciado la buena nueva, el “evangelio”, a todos los hombres de buena voluntad, reconciliando a costa de su sangre a la humanidad con Dios.

Al continente americano llegó el cristianismo junto al conquistador español. Sirvió para atemperar la violenta conquista y explotación. Sacerdotes como Las Casas y Mariana hicieron determinar a la corona española que los indios eran hijos de Dios y, por tanto, no susceptibles a ser esclavizados. Por ello, los nativos recibieron con entusiasmo a esa nueva doctrina que los libraba de la esclavitud y de las religiones autóctonas, que ponderaban los sacrificios humanos y la vigencia de una extrema desigualdad. Y fueron indios, como Juan Diego y Tito Yupanqui, con la creación de las vírgenes de Guadalupe y Copacabana, quienes influyeron en la propagación del cristianismo e hicieron que el campesino indígena se convirtiera en el baluarte del cristianismo en América.

En consecuencia, causa sorpresa que ahora existan grupos en el país que propugnan el retorno de nuestros campesinos a concepciones religiosas primitivas, dejando de lado al cristianismo, nervio fundamental de la cultura latinoamericana y base de unión de los pueblos de la América morena.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia