Columnistas

Navidad del pueblo

La revolución es un proceso que necesita el compromiso cotidiano de los movimientos sociales.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 27 de diciembre de 2015

Hoy podemos ver y tocar las bases plantadas para construir en Bolivia el disfrute del conocimiento y el trabajo de la humanidad; nos referimos a que en la actualidad tenemos la infraestructura mínima de caminos, electricidad, comunicaciones y demás necesidades para impulsar y proyectar el trabajo, la creatividad y los sueños de futuro de quienes vivimos en este territorio.

Una de las cosas más importantes a mi juicio es la consolidación de las organizaciones y los movimientos sociales como un tejido que sostiene e impulsa desde abajo los avances y las conquistas sociales que necesitamos para ir concretando el Vivir Bien. Quienes somos luchadoras y luchadores hemos vivido diferentes etapas históricas de nuestro país, en las cuales diferentes sentimientos han acompañado la militancia, la formación política y las decisiones de lucha: unas veces, la indignación contra la injusticia y la prepotencia; otras veces, el miedo a perder la vida o el miedo a la cárcel, la tortura y el exilio; cuando joven, la aventura de unirse a la rebeldía contra el militarismo del orden de paz y trabajo que más bien era el control del libre pensamiento.

Pero lo que ciertamente ha sido un hecho inesperado es la emergencia, en 2003, del compromiso y la posibilidad concreta de hacer las revoluciones con las que soñamos, aquellas que mueven las profundas estructuras de las opresiones y las dominaciones, y que además con mucha sabiduría se ha llamado “proceso de cambio”. Nombre nada pretencioso y atinado al momento de definir que la revolución tiene momentos importantes, pero realmente es un proceso que necesita el compromiso cotidiano de las organizaciones y los movimientos sociales.

Cuando vemos que se trata consecuentemente de repartir el dinero fruto de la venta de los recursos naturales; cuando se consigue crear nuevos instrumentos de análisis, planificación y conocimiento (entre los que podemos citar como ejemplo a la economía social, al feminismo comunitario, a la despatriarcalización, o la concepción y tratamiento de la violencia hacia las mujeres) decimos que el cambio es posible. Cuando vemos que el gas llega a nuestras casas, cuando nos llega la noticia de que hay doble aguinaldo y que las tarifas del internet rebajan, y comparamos con otros países vecinos donde más bien todo sube a cifras astronómicas y el salario se reduce en un 40% como en la Argentina de Macri, no podemos dejar de decir que gracias a las luchas populares, gracias a una línea consecuente dentro del gobierno de nuestro hermano presidente Evo Morales, hoy podemos tener Navidad en el pueblo y no solo mirar a través de las ventanas y desde afuera las celebraciones en las casas que se pudieron comprar su cena de Nochebuena. Hoy en nuestros barrios existen algunos foquitos de Navidad y en la tienda del barrio un panetoncito, o mejor, en nuestras casa hay una rica picana. Hoy la Navidad es parte de la celebración de las familias y las casas de los barrios en los cuales vivimos el pueblo, ese que lucha, que cree y confía en que es posible cambiar el mundo y lograr la felicidad y el vivir bien de todas y todos.

Ese pueblo que le dice Sí a Bolivia y al proceso de cambio.

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