Columnistas

¿Negociar la libertad de expresión?

No es la primera vez que la ANP actúa  así en un caso que especialmente vincula a La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

03:11 / 25 de marzo de 2014

Estos días, los medios de información, y especialmente las redes sociales, se han ocupado de una caricatura de Al-Azar (Alejandro Salazar) alusiva al Carnaval de Oruro publicada en La Razón el 6 de marzo. A partir de su interpretación, el dibujo fue/es blanco de cuestionamientos de parte de autoridades e instituciones locales de Oruro. En el lado amable de la polémica, ha motivado a su vez un foro en el Facebook que, con el nombre de Todos con Al-Azar, respalda al reconocido e imprescindible compañero.

Como saben los lectores, periodistas, artistas, caricaturistas de aquí y afuera, y cierto público se han expresado a favor del dibujante de La Razón, no tanto así las organizaciones “matrices” y defensoras del gremio, llamadas en primera línea a hacer causa de estas situaciones, como pasó en otras tantas ocasiones incluso ante el menor de los incidentes. Aunque la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), la patronal de los medios privados del país, se ha manifestado de manera extraña y tibia sobre el asunto, la Asociación de Periodistas de La Paz y otras organizaciones afines no han dicho ni pío al respecto, a pesar del reclamo de algunos colegas y de ciudadanos en las redes sociales.

No es la primera vez que la ANP actúa así en un caso que especialmente vincula a La Razón. No fue vehemente cuando el dirigente político Samuel Doria Medina atacó a este medio ni cuando otro medio, a través de sus editoriales y noticias, aludió de  manera desleal a este periódico, siendo éste uno de los socios más importantes de la organización junto a El Deber. Razones habrá, y nos damos perfectamente cuenta de ellas.

Sin embargo, el comunicado de la ANP respecto de Al-Azar y La Razón raya en lo curioso, como tildó el domingo en estas páginas José Luis Exeni, y en la ambigüedad y tibieza, como dijo por su lado Mario Espinoza. ¿Acaso no se esperaba algo más contundente que un “llamado al diálogo y la comprensión mutua”? Como si la libertad de expresión fuera negociable…

Un caso como el que todavía se comenta no se merece una simple reacción. Especialmente los mineros cooperativistas atacaron las oficinas de La Razón en Oruro y evitaron, aunque sin fuerza, la circulación del diario y otros amenazan con un juicio y represalias contra el diario y Al-Azar. A pesar de esos incidentes, La Razón expresó sus disculpas si esa opinión pudiera haber herido sentimientos, pero con la convicción de que el dibujo fue el ejercicio de la libertad de expresión.

“Conocedora de la sensibilidad social y el espíritu de libertad de las organizaciones sociales que expresaron su molestia por esa manera de manifestar una opinión, la ANP no cree tampoco que su intención busque coartar el derecho a la información de la ciudadanía y a la libertad de expresión y opinión de las personas”, decía el texto de la organización de los medios privados.

Y lo hicieron, aunque la ANP no lo creía. Ahora que el problema es comidilla diaria, las amenazas continúan, y, menos mal, ciudadanos y muchos medios con plenas convicciones respecto de los valores democráticos se han sumado a una cruzada a favor de Salazar y de la libertad de expresión.

Ojalá la sensatez se imponga ante la intolerancia y la omisión. Los periodistas tenemos derecho a reclamar una actitud más desprendida y noble en casos que afectan el ejercicio de nuestro oficio. Si esto molesta, alguien tenía que decirlo.

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