Columnistas

Nueva reforma agraria en Bolivia

Sería muy importante que el Gobierno promueva la innovación y tecnología en el sector agrícola

La Razón / Young-Wook Chun

00:00 / 15 de marzo de 2013

Recientemente, el Sr. Ramiro Prudencio publicó un artículo en el que sugiere implementar una nueva reforma agraria, que contemple la reversión de las tierras abandonadas y la capitalización del campo. Ello, con el propósito de garantizar la soberanía alimentaria en Bolivia, porque (señala el autor), a pesar de la Reforma Agraria de 1953, la pobreza y la baja productividad persisten en el campo, sobre todo en el occidente boliviano, lo que ha promovido la migración hacia las ciudades y el abandono de tierras. En tal sentido, Prudencio sugiere permitir la enajenación de las tierras abandonadas, para que aquellos que permanecen en el campo las puedan adquirir.

En este contexto, quisiera sugerir una experiencia coreana, ya que una política como la sugerida conllevaría muchos problemas sociopolíticos en Bolivia. Entre 1949 y 1950, el Gobierno coreano aplicó una reforma agraria muy similar a la de 1953 en Bolivia, y dotó de tierras a más del 70% de la población que habitaba en el área rural. Pero, a lo largo de la industrialización, ese número se redujo a tan sólo el 6%, pues hubo mucha migración a las ciudades. No obstante, los propietarios alquilaron sus tierras, y junto con los arrendatarios acordaron cultivarlas para asegurar la producción agrícola y compartir la cosecha sin abandonar los lotes.

El Sr. Prudencio también propone capitalizar el campo. Aquí se necesita definir la forma cómo hacerlo y las áreas donde se destinará la inversión. Sería bueno incrementar la inversión especialmente en el occidente boliviano, a través de un acuerdo entre las comunidades y las empresas privadas, cuyos capitales podrían contribuir a la soberanía alimentaria de Bolivia, en lugar de ser destinados únicamente al fomento de negocios de consumo en el área urbana.

Por supuesto, el rol y la política del Gobierno central son sumamente importantes para dirigir y facilitar recursos al sector más productivo. Además, el Gobierno podría inyectar recursos públicos para estimular el movimiento de capital privado y llevar a cabo algunas políticas fundamentales. Por ejemplo, el Gobierno podría montar o facilitar la instalación de una fábrica de maquinaria agrícola. Cabe destacar que en el occidente boliviano actualmente son más adecuados los equipos manuales y no así los automáticos.

También sería de suma importancia que el Estado promueva la innovación y la tecnología de cultivo para el sector agrícola. En este marco, deseo hacer notar que en la actualidad la semilla de papa en Bolivia está seriamente afectada por un virus y una bacteria. Simplemente ampliar los campos de cultivo de papa no es una solución.

Sembrando la semilla de papa cortada con dos ojos, en vez de entera, contribuiría a una mayor producción. Para un mejor entendimiento de lo mencionado, mi gobierno envió a un doctor experto en papa a Bolivia para que pueda ser consultado.

Espero que a través de la implementación de políticas concretas y la cooperación entre el Gobierno, empresarios, académicos y campesinos, se logre pronto soberanía alimentaria en Bolivia.

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